CUANDO UN JACUZZI ARRUINA TU REPUTACIÓN

Digamos que es una anécdota que me cuesta contar, porque atenta gravemente contra mi imagen social,  pero que tiene su puntito, y puede ser divertido. Hay veces en que un simple regulador de un jacuzzi, puede montar un enorme lío en un crucero.
Todo empieza en un lujoso barco de cruceros de cuyo nombre no quiero acordarme. Yo era un poco más joven e inexperto. Tenía un fantástico jacuzzi en su terraza. Mi excitación inicial ante tal placer de dioses, iba en aumento.  Te preparas con toda la parafernalia del mundo en alta mar; llenas el jacuzzi de agua,  y pones un chorretón de gel Bulgari.

Lo que iba a ser una relajante jornada en un jacuzzi en alta mar, mirando al horizonte se convierte en mi descrédito social, cuando se bloquea el regulador de los chorros, y comienza a acelerar el rítmo. Y entonces la espuma crece y crece. Tanto, que el elemento comienza a caer, por la terraza hacia el mar. Espuma y mas espuma que entra en el camarote.  Desde otras terrazas, los pasajeros no podían comprender, porqué desde el camarote 10105, caída tanta espuma hasta que el mayordomo con cara de circunstancia, y hasta ironía (de esas tipo “que paleto eres tio”) entró en mi camarote, para intentar apagar el regulador. 
A esas alturas yo ya sentía en todo el barco miradas de burla. Sobra decir, que jamás he vuelto a pisar ese barco, por si acaso se acuerdan del cirio que monté con el jacuzzi, y por no recordar que no se puede poner demasiado gel, aunque sea pijo, si uno no está seguro de que el regulador de burbujas se apaga automáticamente

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