EL NILO: Allí donde surgió todo

Uno de los planes más atractivos que cabe imaginar para descubrir Egipto -tierra de faraones, antiguas civilizaciones, leyendas misteriosas y templos espectaculares- es navegar por las aguas del Nilo, el segundo río más largo del mundo. Sólo el Amazonas supera sus 6.497 kilómetros de longitud, rodeados de un hermoso paisaje natural y salpicados por monumentos que jalonan su avance hasta la desembocadura en el mar Mediterráneo.

En torno a este majestuoso río se despliega el Valle del Nilo, un próspero edén de color verde en el que se mezcla lo antiguo con lo moderno. Las orillas del Nilo albergan algunos de los monumentos más emblemáticos del Antiguo Egipto como los templos de Kom Ombo o Edfu.

Navegando por el Nilo para descubrir la historia de Egipto

Viajar a Egipto y navegar por el Nilo en las barcazas que ofrecen cruceros es una experiencia incomparable: contemplar la sucesión de templos a orillas de este gran río, observar las estrellas durante la navegación nocturna, disfrutar de las maravillosas puestas de sol… El crucero por el Nilo es la excursión perfecta, en especial para un primer viaje a Egipto, porque permite al viajero comprender la íntima vinculación entre el río y la milenaria civilización que se desarrolló en torno a él.

Esta experiencia, apta para todos los públicos, suele tener una duración de cuatro noches. Tradicionalmente se zarpa de Luxor para concluir el viaje en Asuán o se realiza el itinerario a la inversa. Todo depende de lo que resulte más conveniente para el programa viaje y los días de que se disponga.

Si el recorrido comienza en la majestuosa ciudad de Luxor, la antigua Tebas, los viajeros cuentan con tiempo suficiente para visitar dos de los templos más espectaculares de Egipto, el Templo de Karnak y el Templo de Luxor. Frente a esta ciudad, hacia las altas montañas, se abre el Valle de los Reyes. En esta necrópolis se encuentran las tumbas de muchos de los faraones del Imperio Nuevo (Tuntankamón, Ramsés I, Amenhotep II, Siptah, etc). En esta orilla del río también se emplazan el hermoso templo de la gran faraona Hatshepsut, esculpido en la roca de piedra caliza, y los Colosos de Memnón, dos gigantescas estatuas que representan al faraón Amenhotep III.

El crucero va efectuando paradas para que sus pasajeros puedan bajar y conocer los lugares de mayor interés. Uno de ellos es la ciudad de Edfu, donde se visita el Templo de Horus, el segundo más grande de Egipto. Este magnífico monumento está dedicado al Dios Halcón y en él se puede apreciar la mezcla entre el arte egipcio y la arquitectura griega. En la ribera oriental, a 40 kilómetros al norte de Asuán, los turistas tienen la posibilidad de visitar un templo construido en honor a los dioses Sobek y Horus el Viejo, Kom Ombo, que es un homenaje a la relación mística que ambos dioses compartían. En este monumento se conservan desde momias de cocodrilos hasta féretros de arcilla, mereciendo la pena dedicar un tiempo a los espectaculares relieves de sus paredes.

El recorrido por este emblemático río finaliza en Asuán, la ciudad más meridional de Egipto, llamada Swenet en la antigüedad. Para controlar los desbordamientos del Nilo -que enriquecían con limo las tierras, haciéndolas fértiles, pero que en ocasiones también arruinaban cosechas- se construyeron dos presas en Asuán, por ubicarse ésta a la altura de la primera catarata del río: la Presa Alta y la Presa Baja.

Una curiosidad histórica

La historia de estas obras de ingeniería está relacionada con el Templo de Debod y es la razón por la cual esta bella construcción se encuentra hoy en día en Madrid. Cuando se estaba construyendo la Presa Alta, cuyas obras se iniciaron en 1952, la comunidad arqueológica advirtió de que numerosos monumentos quedarían bajo las aguas una vez la presa estuviera finalizada. Para evitar esta catástrofe artística, la UNESCO puso en marcha una operación de rescate de los monumentos en riesgo, entre ellos el espectacular Templo de Abu Simbel, que fue trasladado piedra a piedra a un emplazamiento seguro.

Los países que colaboraron con Egipto en este salvamento de obras de arte recibieron como agradecimiento la donación de algunos monumentos. A España se le entregó el Templo de Debod, que desde 1967 se encuentra junto al madrileño Paseo del Pintor Rosales, en la pequeña colina donde antes estuvo el Cuartel de la Montaña.

Por último, no podemos concluir nuestro crucero sin visitar otro de los grandes templos egipcios famosos por su belleza, Philae, consagrado a Isis. Actualmente se encuentra en la isla Agilkia, puesto que como le sucediera a Abu Simbel tuvo que ser trasladado desde su ubicación original, en la isla de File, debido a la construcción de la Presa de Asuán.

EL NILO: Una caricia para los sentidos
Hace un siglo ya, pero es un viaje que deja huella. Y aun recuerdo navegar en el Nilo, como algo que marcó mi existencia. Los ríos son dadores de vida allí donde sus aguas lamen las orillas. Hay ríos y ríos, y aunque cada cual tiene su dignidad, no todos son iguales. Si hay un lugar mágico, es el padre Nilo, alma de Egipto, y verdadero integrador de todo el país. Todo se articula en sus veras, cruzando de Norte a Sur atravesando desiertos, es como si Dios, conmovido por la aridez del entorno hubiese llorado y sus lagrimas dado a un torrente de vida.

Y sin duda no podemos concebir Egipto sin el Nilo, sin sus inundaciones que permiten que sus márgenes sean fértiles. Puede parecernos exagerado que esta pequeña de franja de Norte a Sur, constituya gran parte de la vida en el país, y que permanece inmutable desde los tiempos de faraones. No hay lugar más hermoso en la tierra. Desde hace tiempo que quería comprobar si la contemplación del Nilo, no solo por su hermosos márgenes, sino por los monumentos faraónicos que se conservan en sus bordes.

 Mi encuentro con el Nilo, se resumía en horas de contemplación escénica, en un río que permanece inmutable desde la antigüedad. El antiguo Egipto tenía al río como una gran autovía, cosa que todavía permanece, salvo por los ruidos impertinentes de algún tren rasgando el silencio.

Todo es sencillamente irreal y pristino. Siempre he pensado que en el Nilo hay tres capas de vida y muerte, como la propia cosmología de la antigüedad, tres capas superpuestas, pero claramente diferenciadas.

Encontramos la vida plena representada por el río, encima una frondosa vegetación de palmeras y cultivos, y detrás la muerte absoluta que es el desierto. Vida y muerte en danza eterna. El Nilo seguirá siendo perenne y ajeno a todo tipo de mutación del país.

Es aventurado decirlo, pero no serás jamás un viajero completo, sin sumergirte en el Nilo. Es otro nivel.

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