EMERGENCIA A BORDO: Entrevistamos a una pasajera del AF66

Fuente Air France

El flamante A380 de Air France, en vuelo AF66 cruzaba Groenlandia. Como miles de aviones todos lo días. En su interior, sus casi 500 pasajeros, se entretenían de diversas formas: comían, leían, jugaban al Tetris, o simplemente miraban las fascinación los hielos del continente helado.

Sandra una de las pasajeras, soñaba con su destino. Viajera empedernida, recordaba con pavor un vuelo terrorífico en Dubrovnik. Pero como nos ocurre a muchos de nosotros, la pasión viajera es el mal menor para cumplir nuestro sueño. Volar es muy seguro, y pocas cosas son más seguras que Air France, y un flamante A380. De repente todo cambió. Una enorme explosión, caras de pánico, y preocupación en la tripulación.

El avión se estremecía. Medio motor había desaparecido. Los noticiarios se inundaron con las noticias, e imágenes aterradoras, ocuparon los medios de medio mundo. El vuelo AF66, de Air France entre París y Los Angeles, el 30 de septiembre pudo haber terminado muy mal. Tuvieron suerte. Ningún trozó dañó partes vitales del avión, solo quedaron tiradas como juguetes rotos sobre los hielos.

Hablando con Sandra De Vega

Hemos tenido la fortuna de poder contactar con uno de sus pasajeros, y agradecemos que nos haga llegar su experiencia, en este vuelo “de la suerte”.

¿Cómo sucedieron las cosas?. No recuerdo exactamente cuánto tiempo llevábamos de vuelo porque salimos con algo de retraso de París, pero estábamos sobrevolando Groenlandia, así que, calculo que unas 4 horas. De repente se oyó un ruido enorme y se notó como una vibración en el avión. Algo que se desgajaba. Muy repentino. Yo no noté que descendiéramos ni nada similar, aunque la gente dice que sí.

Se encendieron las luces de las salidas de emergencia, y la tripulación empezó a mirar qué había pasado. Supongo que algún pasajero que iba sentado al lado del motor les avisó de que faltaba parte de uno de los motores. El sobrecargo hizo fotos, supongo que se las llevó al piloto y luego salió el piloto para ver los daños. Enseguida el comandante avisó por megafonía de que el avión estaba controlado, y que iban a evaluar los daños para ver cómo proceder. 

A los 10 minutos, nos dijeron que, una vez evaluados los daños, y aunque el vuelo era seguro íbamos a aterrizar en Goose Bay, en Canadá, y que tardaríamos 1 hora. Y en  poco más de una 1 hora aterrizamos sin problema. La gente estaba muy tranquila, no se vivieron escenas de pánico, ni nada similar, al principio un poco de susto, pero como no se notaba inestabilidad, ni nada parecido, no hubo escenas de pánico. O de forma aparente.

¿Qué sentiste? Obviamente miedo. Luego, cuando ví que volaba estabilizado, menos. La tripulación fue muy profesional. Es la segunda vez que sufro una experiencia “traumática” a bordo de un avión. Pero igual que no dejé de volar la primera vez que me pasó, no voy a dejar de volar ahora. Ya he cumplido las estadísticas.

¿Cómo se comportó la tripulación? De 10, tengo que decir. Desde el comandante con plena tranquilidad, hasta cada uno de los tripulantes. Nadie perdió el control. Las azafatas estaban tranquilas, aunque estaban muy atareadas con diversos preparativos. La hora que quedaba para el aterrizaje se me hizo eterna.

¿Que pasó tras el aterrizaje?. Fue suave. El comandante nos dio las gracias por haber mantenido completamente la calma. Que si el avión se hubiese descontrolado, habría sido otra cosa. Aterrizamos en un lugar muy pequeño, sin muchas dotaciones. De hecho no había escalerillas adaptadas al A380. Estuvimos unas 15 horas dentro sin desembarcar, hasta que llegaron dos aviones. Un B777 de Air France, que llevó a muchos pasajeros a Los Angeles (vía Atlanta), y un B737 de Norlinor, que hizo escala en Winipeg, en donde seguimos hasta la ciudad californiana.

 

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