EMIRATOS. Muscat. La magia de las mil y una noches.

Llegar a Muscat la capital de Omán, tras dejar la modernidad de Dubai, es como entrar en un mundo de ensueño. Una especie de lugar anclado una intemporalidad, que nos parece que hemos viajado al mundo de las mil y una noches, y no tras una noche de navegación. Agazapada entre montañas negruzcas, la corniche de Muscat, no muestra edificios modernos, rascacielos, o cualquier gesto de modernidad.

Costa Luminosa-Emiratos 23-1-10 109_1024x768Solo casas blancas, de mercaderes del siglo XIX, que hicieron del enclave un hervidero mercantil sobre todo incienso, maderas preciosas, especias etc. Pero el petróleo es un potente ingrediente que hace que muten costumbres, a pesar de que las pequeñas embarcaciones de pesca todavía adornen la bahía de Muscat.

En Omán, solo hace mucho calor, o un calor insoportable, y aunque se puede caminar desde el puerto, la distancia de los principales atractivos implica o negociar titánicamente con los taxistas o usar excursiones de la naviera.

Cruzar Muscat es hacerlo en un entorno blanco y urbanismo contenido. Un país, que desde estar anclado en el medievo, antes de los setenta, y tras el incruento golpe de estado del actual Sultán, es está convirtiendo en un lugar rico, ordenado, que aprecia su historia, y apacible.
Mis cinco puntos esenciales.

1) La Gran Mezquita de Muscat: 

Todos los Emiratos compiten en lujo, petróleo, rascacielos y por supuesto con mezquitas. Y no importa el dinero que se gaste. Está bien gastado, si pueden «fanfarronear» con su vecino.  La Gran Mezquita de Muscat, aunque algo alejada del centro, fue construída con la firme intención de demostrar que la pequeña, y tradicional Omán tiene también algo que decir.

Imponente pero moderna es un compendio de magnificencia y lujo. Construída después de los 90, lleva el nombre del Sultán Qaboos y tiene proporciones hercúleas.

Muy Bauhaus “emirates style”, tiene la segunda alfombra persa más grande del mundo, y una imponente lámpara de cristal Swarovski.

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Abierta a locales, y visitantes, con el único impedimento de que las mujeres se cubran, pelo y brazos, y lo hombres con pantalón largo.

2) El Palacio del Sultán, Qaboos, llamado Qasr Al Alam.

Mirando al mar, muestra un país perfecto, que hasta las flores tienen un sistema individual de riego, en unCosta Luminosa-Emiratos 23-1-10 138_576x768 entorno en donde todo parece colocado en su lugar. Una de sus fachadas está sobre una hermosa bahía natural. Rodeado de fortalezas, son vestigios de la colonización portuguesa. Algunos imponentes como Al Jalail, Al Mirani, o la más hermosa a 40 minutos Nakhal Fort.

3) El Museo Bait Zubair

Es el lugar perfecto para comprender la rica historia del rico y exótico sultanato. Quizás sea muy denso, si nos centramos en cada uno de sus esquinas, pero nos llamará la atención los trajes locales, la colección de dagas (algo esencial en el atuendo típico del Omaní, y decenas de artefactos sorprendentes.

4) Paseo Marítimo:

Es el lugar más escénico por excelencia. Pasear por el también llamado corniche, fuera del zoco, para ver como trascurre la pausada vida en Muscat. Personas que miran al mar, mujeres que caminan pausadamente, habitantes que fotografían el barco, en una tarde en donde no parece haber prisas. Un Omaní daba vueltas a su desgastado rosario, miraba en una actitud Fen Shui al mar de las especias. El mar le iluminaba su cara. Un millón de dólares por tus pensamientos.

Tras haberme pescado haciendo una foto, viene hacia mi. En ambientes tradicionales, las fotos no son aceptadas. Levanta su túnica….¡que esconde debajo¡. ¿Una daga, pistola?. “Fran deja a un lado las películas”. Con una sonrisa, me enseña que tras el barniz oriental, llevaba una camiseta del Madrid. Omaní merengón. Bendita globalización.

4) Zoco de Muttrah:

Costa Luminosa-Emiratos 23-1-10 113_1024x768Dejo la joya más autóctona para el final, porque es donde se siente toda la magia de Oriente. Entrar en el viejo Zoco de Muttrah es como encontrar a la Omán de toda la vida.

Una mezcla bulliciosa de olores, mercancías orientales, mezcladas con objetos más propio del empuje que ejerce la sociedad occidental.

Mujeres con chador, compran ávidamente maquillaje, mientras que omanies vestidos a la manera tradicional se afanan por conseguir fundas para el juguete del momento llamado “móvil”.

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Aunque nos sentimos especialmente acobardados por la extrañeza de todo lo que nos rodea, se respira un aire tolerante, amable y sobre todo confiado. En cada esquina del pequeño zoco encontramos todavía labores tradicionales. Alfarero, panadero tradicional, vendedor de alfombras, y sobre todo una serie de alimentos que somos incapaces de identificar todo ello en un ambiente muy abigarrado, en donde no faltan los varones del lugar fumando las famosas pipas de agua.

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