Entrando en Kotor por mar

Me da miedo Kotor. No es que haya monstruos marinos, pero si unas inmensas montañas por las que se cuelan los barcos, hasta la ciudad amurallada. Es todo de tamaño inmenso. Naturaleza prodigiosa y amenazante. Quizás sea uno de los únicos fiordos del Mediterráneo, entrar en Kotor, es curioso porque el entorno es único.

Cambia los pueblos de madera noruegos, y ponle escenas Mediterráneas, y entrarás en Kotor. Me despierto, y veo enormes masas montañosas delante de mi balcón.

Pido el desayuno para disfrutar de cada uno de los detalles. La naturaleza es ingente, y nos hace sentir vulnerables. No se puede desayunar con un entorno tan inspirador.

Todo es muy grande, y esto me causa una cierta inquietud. Las bocas de Kotor en Montenegro, está formado de canales, estrechos pequeñas bahías, haciendo que las escenas sean siempre perfecta. En su día, era un refugio para las embarcaciones; hoy enormes cruceros cruzan hacia el fondo del fiordo.

No puedo imaginar, que enorme cataclismo hizo que el valle fluvial del Bokelj se hubiese hundido, y entrado el mar, en una enorme inundación para provocar este portento natural. La mañana comienza a ser calurosa, y el sol comienza a salir tras las enormes montañas. A lo lejos puedo escuchar las campanas del monasterio Benedictino de la Isla de San Jorge. Los dos únicos protagonistas del centro de la había junto con su vecina Isla de Nuestra Señora de las Rocas. La escenas es maravillosa.

EXPLORANDO KOTOR

Agazapada al fondo del fiordo, Kotor nos parece una mini Dubrovnik. Fortificado al máximo pasó de manos romanas, Imperio Veneciano, Imperio Austro húngaro, Yugoslavia a Montenegro. Rodeado de enormes montañas es un lugar idílico. A pie de puerto está la puerta marina. Con poco más de 5000 habitantes, es Patrimonio de la Humanidad, y sus joyas arquitectónicas se mantienen intactos desde la antigüedad. De pequeñas dimensiones, todas las calles giran en torno a la Plaza de Armas.

Además de caminar sobre sus murallas, hay algunos puntos esenciales. La Catedral de San Trifón, San Nicolás, o la Iglesia de Nuestra Señora. Además soberbios palacios como el Bizanti, Buca, Pima, o Grgurin, que nos recuerdan el carácter mercantil de la urbe, en donde grandes familias de comerciantes hicieron inmensas fortunas. El Museo Marítimo es esencial, para comprender la historia de la pequeña ciudad. Un poco más allá, los visitantes más osados optan por hacer rafting en el Río Tara, o explorar un poco el litoral Montenegrino, y el montañoso interior.

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