mié. Jun 19th, 2019

INFORME GRAND PRINCESS

    El Grand Princess, lo define su nombre es grande, como una tremenda ballena impone con sus 109.000 toneladas. Sin duda una visión imponente en cualquier puerto, en donde suele recalar. Más mazacote, es sin embargo, de líneas muy marcadas, con fuerte personalidad. Que se puede decir de Princess, la gran desconocida del mercado español, pero mítica naviera. Algo tan contundente como ser la que “inventó” el negocio.

Primero de la mano de su fundadora la británica P&O, que ya en el siglo XIX fletaba barcos de línea a las colonias de imperio, y después de la simpática tripulación de “Vacaciones en el Mar”, que en los bobalicones setenta hacía suspirar a los españoles, en una época en que los cruceros era algo prohibido. Con este bagaje, no cabe más que esperar satisfacción, incluso al pasajero más exigente y experto.

      Al entrar, recibimos las primeras impresiones de la compañía. “Si tienes barco grande, escóndelo”. Por supuesto, no por vergüenza sino por convencimiento propio. Un Hall, armónico, pequeño y tan personal como la entrada de un chalet. Todo rezuma simplicidad estudiada, y sobre todo complicidad con el pasajero. El espacio no es importante, las macrodimensiones, se consideran opresivas en Princess y se pretende racionalizar el espacio, redimensionando las estancias, haciéndolas más pequeñas, duplicando oferta y sobre todo dando espacio íntimos y personales.Algo muy positivo en una compañía de calidad y sobre todo con presencia en todos los mares con sus  más de 14 barcos. Casi nadie puede decir lo mismo. Aunque el aspecto de sus instalaciones puede denotar algo de impersonalidad, creo que se respira otro aspecto destacable. Es americano de adopción, pero su decoración está bastante aislada de las extravagancias americanas (no de forma plena) y se nota un nítido y refinado aire británico, que nos hace situarnos en los barcos de P&O.

 El alma inglesa flota en el ambiente. Después de un espectáculo de bienvenida en el pequeño pero acogedor Teatro Princess, nos dirigimos al calido Restaurante Bernini para un clásico pero suculento almuerzo, basado en coktail de gambas, salmón ahumado, y un tierno Chateaubriand, y un solido Soufflé de Chocolate con Salsa Inglesa. Pequeños espacios en ambos casos, que se complementan con más salones públicos con diversos espectáculos y más de diez restaurantes temáticos para una opción más personal y alejadas de turnos únicos. El pasajero elige con quien comer, cuando y como. Opción que se está imponiendo en el mercado.
Hay varias zonas brillantes y absolutamente mallestaticas como el Wheelhouse Bar de aspecto de Club Británico. Y zonas que requieren un cambio de concepto como el exceso de frescos, a menudo inapropiados como el restaurante Sabatini, y el Buffet del Horizon Court, que salva los muebles por la perfecta oferta gastronómica que presenta. Sin embargo es un barco tan grande, extenso y con tanta oferta, que sería difícil glosar cada una de las estancias. Domina también, la minuciosidad en sus detalles decorativos. Cada esquina es singular, y sobre todo nos encontramos con un navío en donde cada pasajero, encuentra con un lugar especial y a su gusto.
  En cubiertas superiores la usuales piscinas, y algo inédito, como otra pequeña en popa para ver como se aleja el inmenso navío. Sol en cada piscina y en cualquier momento del día. Destaca la piscina cubierta con toques marinos. Además toda la oferta de un barco de su tamaño, tanto en la opción deportiva como lúdica. Y sobre todo, algo de reciente creación con la zona de relax, The Santuary, que funciona como zona Vip, para relajarse y acceder a una serie de servicios con pago nominal. Una especie de santuario de exclusividad y aislamiento. No puedo dejar de señalar muy característico en Princess, la compañía de las sorpresas. La única con enormes pantallas de cine al lado de las piscinas, para románticas proyecciones a la luz de las estrellas.Quizás lo que más destaca, es su discoteca Skywalkers en lo alto, por la que se accede por una especie de escalera a “las estrellas”, y que parece sacada de la mente fantástica del Mago de Ozz. Absolutamente maravillosa en todos los aspectos. Podríamos decir, que Princess ofrece unos productos muy cuidados y profesionales.
Con tradición, con una aire divertido en sus barcos, y sobre todo con variedad de oferta. Algo que a veces es difícil encontrar en otras navieras. Con la sensación de no encontrarse en un barco mastodóntico, podemos respirar privacidad y algo ideado para cada pasajero. Por muy experto que uno sea, Princess sabe sorprender. Mundomar, su representantes y comercializadores, ha introducido un concepto novedoso en España, que es la organización de excursiones exclusivas para sus clientes españoles, con la asistencia de una azafata internacional que atiende todas las necesidades que una persona que no domine inglés pueda tener en la compañía.

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