Mi primer viaje al Nilo

 

LUGAR BENDECIDO POR LOS DIOSES

Los ríos son dadores de vida allí donde sus aguas lamen las orillas. Hay ríos y ríos, y aunque cada cual tiene su dignidad, no todos son iguales. Si hay un lugar mágico, es el padre Nilo, alma de Egipto, y verdadero integrador de todo el país. Todo se articula en sus veras, cruzando de Norte a Sur atravesando desiertos, es como si Dios, conmovido por la aridez del entorno hubiese llorado y sus lagrimas dado a un torrente de vida.

Y sin duda no podemos concebir Egipto sin el Nilo, sin sus inundaciones que permiten que sus márgenes sean fértiles. Puede parecernos exagerado que esta pequeña de franja de Norte a Sur, constituya gran parte de la vida en el país, como una gran autopista de vida, pero es algo que permanece inmutable desde los tiempos de faraones. No hay lugar más hermoso en la tierra. Desde hace tiempo que quería comprobar si la contemplación del Nilo, provoca un estilo de Síndrome de Stendhal, que nos emborrache de belleza, no solo por su hermosos márgenes, sino por los monumentos faraónicos que se conservan en sus bordes. Iba a comprobar como un entorno puede provocar un impacto tan intenso. Fue hace tiempo, era más impresionable, pero todavía queda espacio en mi mente para recordar el impacto causado por el Nilo, en mi vida.

Un usual circuito por el país, suele comenzar por el Cairo, la populosa capital de Egipto. Mi primera aproximación fue de noche, y la escena es irreal cuando se contempla la mezquita de Alabastro como una enorme corona en lo alto de una colina, con las pequeñas luces de la ciudad a sus faldas, como si fueran los diamantes que se hubiesen caído a su alrededor.

Después de un reparador descanso, en cualquiera de los opulentos hoteles de la ciudad, en mi caso el Mena House, a lo piés del conjunto de Gizeh, la perspectiva de la urbe no es tan poética. Usar transporte publico en la ciudad es frenetico. Es como si de repente todos los coches compitieran de forma suicida por llegar a un ficticio destino. Carreras, bocinazos, coches abollados , y sobre todo maniobras suicidas, pero que pone un puntito de emoción . El Cairo, como cualquier ciudad árabe es un mundo de actividad que puede asustarnos a primera vista. Hay que perderse en los deleites del bazar Khan el Khalili, en donde es muy fácil que nos sintamos entre fascinados, y agobiados por sucesión de productos, la insistencia cansina de sus vendedores, y o las muchedumbres que se mezclas con estampas tradicionales del país. Ciudad para reconciliarse con el legado faraónico, comenzando por la esfinge  y las pirámides, que parecen altivos guardianes del desierto.

Me cuesta imaginarme el aspecto imponente que en los recién llegados producían cuando el Egipto era el imperio más poderoso de la zona. Dimensiones, que han despertado una ola de sugerentes y míticas interpretación que rondan en el exoterismo más o menos fantástico. Y tenemos el Nilo, objeto de mi artículo que cruza como una navaja el centro de la agitada metrópolis.

Si el Nilo llega de forma señorial al Cairo, lo hace glosando poemas visuales en cada esquina entre Luxor y Assuam, tramo en el que se concentran los principales atractivos arqueológicos del país, aunque resulta un bálsamo para la vista. Hay decenas de naves fluviales que han hecho perder un cierto encanto a la experiencia, desde lujosas naves, hasta las más humildes, pero todas ellas satisfacen de sobra las expectativas de cualquier turista. Mi ruta fue embarcando en Luxor, después de volar desde el Cairo, y contemplar la magnificencia del gran río. Aunque el aterrizaje parece que se hace sobre las arenas del desierto, pronto al embarcar nos hace cambiar de perspectiva.

Luxor es famosa esencialmente por los inmensos templos de Luxor y Karnak, y por el archifamoso Valle de los Reyes y Reinas, y lugar de enterramiento de las castas reales del antiguo Egipto. No es cuestion de sentirse como Indiana Jones, pero sentiremos un cierto regusto de explorador de pelicula al descubrir cada una de las tumbas. Y tranquilos, hace tiempo que la tumba de Tutankamon ha dejado de ser un peligro exotérico.

10) Yo en Karnak Entre Luxor y Assuan disfrutaremos de lo que creo que es la parte esencial del crucero, y es nuestro encuentro con el río. Días de navegación plagadas de visitas arqueologicos como los templos de Esna y Edfu o Kom ombo, sino horas de contemplación escénica, en un río que permanece inmutable desde la antigüedad. El antiguo Egipto tenía al río como una gran autovía, cosa que todavía permanece, salvo por los ruidos impertinentes de algún tren rasgando el silencio. Salvo esto, es algo sencillamente irreal y pristino. Siempre he pensado que en el Nilo hay tres capas de vida y muerte, como la propia cosmologia de la antigüedad, tres capas superpuestas, pero claramente diferenciadas.

Encontramos la vida plena representada por el río, encima una frondosa vegetación de palmeras y cultivos, y detrás la muerte absoluta que es el desierto. Vida y muerte en danza eterna. Ahora que las aguas del país, circulan tumultuosas por su compleja situación política, el Nilo seguirá siendo perenne y ajeno a todo tipo de mutación.

Comentarios

Un comentario sobre “Mi primer viaje al Nilo

  • el 30 julio, 2011 a las 06:52
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    Hola, lindo artículo. Hoy al almuerzo un amigo me contó que el viento del Nilo corre normalmente de norte a sur, desde el Mediterraneo hacia el corazón de África y que, por supuesto, el rio corre de sur a norte, es decir que el rio es navegable en sus dos direcciones sin motor. ¿Sabes algo de esto, es cierto?
    Gracias

    Respuesta

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