Nagasaki

Si no supiera que estaba en Japón, entrar en la profunda bahía de Nagasaki, produce la misma sensación que hacerlo en Bergen. Colinas insultantemente verdes, un moderno centro, y casitas de madera encaramándose por su relieve. Fue por eso quizás por lo que fue un puerto comercial con fuerte presencia de los Europeos, que dejaron su impronta.

Estaba nervioso, porque iban a ser mis primeras horas en Japón; Siempre se ha dicho que los japoneses son ratitos. Había hecho una extensa nota sobre lo que hacer y lo que no, y tras subir en el primer tranvía, su conductor y asistente de estación fue tan dulcemente amable que solo pude decir “cuanto debemos aprender”.

No solo porque no haya un papel en el suelo, la gente hable con suave voz melodiosa, los conductores de tranvía conduzcan suavemente con guantes; educación y armonía. Solo 4 euros por un pase de tranvías es perfecto para ver la ciudad.

Un lugar con una fuerza telúrica especial: Fatboy

Nagasaki cambió la historia de la humanidad, cuando un bomba llamada Fatboy, destrozó la placidez de la ciudad, con un devastador hongo nuclear. Soy muy moñas y quise pasar de puntillas por el luctuoso hecho. Nada de museo, solo el Parque de la Paz y el epicentro del brutal crimen de guerra, en un parque hermoso y donde la vida se renueva con pequeños escolares de visita, para aprender del pasado.

  Para 150.000 habitantes, el reloj se paró ese dia. Tras una sensación muy mala, un par de lágrimas huí del lugar sin mirar atrás. Es extraño, pero tuve el impulso de mirar el reloj. Sentí un desasosiego muy profundo. 11:02: justo la misma hora en la que cae la bomba en 1945.

Será una especie de mensaje del  más allá. Fuera lo que fuera, no me gustó esta casualidad, y escapé. La elección para el bombardeo no fue casual. Hoy Nagasaki es la ciudad de los astilleros Mitsubishi, y en la época, lugar de construcción de armamento.

Frikadas

Pero vayamos algo más lúdico. Las frikadas. Son todas esas cosas que hacen de Japón un país tan exquisitamente peculiar. Una escolar con uniforme de tebeo manga, máquinas expendedoras de cosas peculiares, coches extraños a “morir” y Kit Kats de decenas de sabores. Miremos a donde miremos, hay siempre algo a lo que sacarle fotografías.

Un mestizaje europeo-japonés

Nagasaki es netamente japonesa, pero vemos ramalazos de su pasado europeo. En 1571 fue fundada por portugueses cuando es descubierta de forma casual, por un misionero portugués. Años de persecuciones y matanzas, minimizaron la presencia cristiana en la ciudad, aunque jamás se pudo eliminar por completo su existencia. Ciudad abierta y comercial, mantiene pequeños vestigios holandeses, que fue el pueblo que pasó después por la ciudad Nipona. Toda esta mezcla nos da un aspecto muy curioso, y hasta cercano en determinados lugares. A partir de mediados del siglo XIX, se declara puerto libre, y es una de las ciudades más cosmopolitas del país. Se abre la puerta al comercio, y un mestizaje de Europa-Oriente florece en cada esquina.

El tranvía es la forma más rápida y fácil de llegar a cada punto de la ciudad. Hay day pass increíblemente económicos, y los mapas de la oficina de turismo de Nagasaki son espacialmente detallados. Los puntos esenciales son el Parque Glover, en donde podremos visitar una casa de un antiguo comerciante, y otros edificios, la catedral católica de Urakami, construída a la lado de la antigua, todavía en ruínas. Fue el punto cero la explosión, y en el fatídico momento, estaba lleno de personas que asistían a misa.

Hay decenas de templos desperdigados por la ciudad. El de Kofuku-Ji es especialmente hermoso y está al lado del famoso Puente de Megane de 1634, sobre el río Nakashima. Uno de los más antiguos de Japón. Nos imaginamos antiguas damas japonesas, caminando con vistosos kimonos, y sombrillas de papel por encima. Es el puente perfecto de cualquier pintura o grabado costumbrista japonés.

La persecución católica termina en el siglo XIX y se edifica una de sus iglesias más antiguas. La famosa Iglesia de Oura.

En Nagasaki se pueden hacer varias cosas: subir al Monte Inasa, para contemplar una de las hermosas vistas de la bahía, visitar alguno de sus museos, perderse en sus templos, y relajarse a las orillas de sus canales con sus centenarios puentes de piedra. Pero tenía algo más prioritario.

Gunkanjima o Isla Hashima

La isla fantasma. Desde varios puntos del puerto, excursiones de 30 euros te llevaran a uno de los lugares más tenebrosos del planeta. Una ciudad minera abandonada. James Bond en su SkyFall usa el lugar para rodar su última película. Todo fue abandonado, en la concentración urbana más intensa del planeta, en donde había un bosque infinito de hormigón, y los obreros se hacinaban sobre la mina. El carbón fue pronto algo poco interesante en el siglo XX, y hoy en día, todavía permanece todo dormido. Juguetes, aulas escolares aun con sus libros, y apartamentos con muebles. Esperaba entrar, y perderme por sus esquinas. Pero solo se permite, vistas parciales y laterales.

La excursión, que dura de 3 a 4 horas, dejan para el final lo mejor. Los barcos rodean la isla y no defrauda. Parece un reino fantasma que ha surgido de las profundidades marinas. Y por supuesto, Gunkanjima, bañado de accidentes, explotación y sangre, guarda celosamente también una historia exotérica, y paranormal. Juzgando por la película The Ring, los fantasmas japoneses son especialmente malignos. No me gustaría dormir en la isla. Durante el día provoca una mezcla de fascinación y escalofrío perpetuo.

Hay algo maligno en la isla, y no se explicar que es.

Mapa turístico y del tranvía de Nagasaki http://visit-nagasaki.com/GettingAround/pdf/pamphlet2.pdf

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