NAPOLES ESENCIAL

Italia, como la cuna indudable del arte, ofrece uno de los patrimonios culturales más importantes del mundo. En el país de la estética por antonomasia, cada ciudad es un pequeño tesoro monumental. No se queda a la zaga, la muchas veces injustamente denostada Nápoles, que arrastra el peso de la monumentalidad en cada esquina.

Es étnica, intensa y auténtica. Ciudad dura y difícil, que encierra no obstante una amalgama de miserias y glorias yuxtapuestas, como una cebolla. Ciudad de contrastes, es real y sobre todo cautivadora y única. Tanto que en pocas lugares del mundo se mantiene su idiosincrasia tan intacta.

A pesar de que la primera impresión sea frustrante, y nos sintamos acobardados por la suciedad, y cierto abandono de su patrimonio histórico, entrar en contacto con Nápoles es hacerlo en un ambiente racial de innegable tipismo. Ropa colgada, mercados, trattorias tradicionales, pequeñas salumerias, algo tan marcado que no puede conocer el alma del sur de Italia, sin comprender la magna ciudad, capital de la región de la Campania.

Es una urbe para vivir su vida local, y es segura. Hay que desterrar los exagerados aspavientos de la gente que desaconsejan visitar la ciudad. No hay que entrar con miedo, solo adoptar una razonable prudencia, la recomendable austeridad de nuestros vestidos, y caminar con los bolsos pagados a la pared, para evitar las motos-tirón.

El entorno de Plaza del Plebiscito

Es una ciudad para caminar, y empaparse del legado arquitectónico, sobre todo barroco que lo invade todo. Nos encontramos con un casco histórico compacto (enmarcado principalmente por la Piazza Dante, Museo Nacional y Via Bellini), trufado de vida local y con imponentes construcciones. El epicentro local, lo constituye el entorno de la Plaza del Plebiscito, detrás del Castel Nuovo, en el lugar en donde se hallaba un antiguo anfiteatro. Aunque el impacto visual de las edificaciones es indudable, hay estrellas que merecen un tratamiento aparte.

En primer lugar, y antes de entrar en la plaza, la Galleria de Umberto I; decimonónica, con sus cuatro alas, y sus techos de cristal y plomo. Aunque su entorno no posee la pomposidad de su homónima milanesa, el edificio es prácticamente un calco. Enfrente se yergue el Teatro San Carlo, uno de los más hermosos de Europa, y ya en la plaza, el Palacio Real de los Borbones. Recordemos la presencia española desde el siglo XVI, y enfrente encontramos la Iglesia de San Frascenco di Paola. No podemos olvidar que también Nápoles tiene un café tradicional, como el Florian de Venecia, o el Greco de Roma. En este caso, el famoso Gambrinus, con una terraza dominando la bella estampa urbana.

Otros puntos del casco histórico

La Via Toledo, la arteria principal de la ciudad, representa el triunfo del barroco, con los palacios más bellos de la ciudad. En sus márgenes callejuelas para serpentear y explorar; destaco la más típica, que es Spacca Napoli de 2 km de largo, por solo 6 metros de anchos, y que discurre por el antiguo trazado del Decumano romano. Iglesias, plazas antiguas, tiendas de artesanía. Toda la zona, el Quarteri Spanagnoli, es un laberinto de calles en donde se plasma todo el colorido humano la ciudad.

Cruzada por la Spacca Napoli, tenemos la plaza en donde se concentran algunos de los edificios más significativos de la ciudad, que es la Piazza del Gesú Nuevo con el Palazzo Pignatelli, la Torre Guglia dell´Immancolata, y la Iglesia del Gesú Nuevo con su decoración opulenta de mármoles multicolores, y altar de piedras semipreciosas, o el Monasterio de Santa Chiara, que conserva un maravilloso claustro con azulejos decorados; muy al estilo de la tradición levantina española.

La zona de Vomero es de un indudable interés monumental, al igual que la Via San Gregorio Armeno, conocida también como la calle de la Natividad. Hay que recordar que la tradición de los belenes surgió en Nápoles, y fue exportada a continuación a España por los Borbones. En ella, no solo encontramos tiendas de artesanos, con las figuras del belén más hermosas sino la Iglesia del Monasterio de San Gregorio Armeno, con unos maravillosos frescos, una fuente de mármol en el centro única.

Y además

Recomiendo además tres puntos adicionales, como el Museo Archeológico, quizás uno de los más ricos de Italia, por alojar la colección más importante de objetos recuperados en Pompeya y Herculano, el Museo de Capodimondi con una valiosa colección de piezas de pintores como Tiziano, Michelangelo, El Greco, Raffaelo o Boticelli, entre otros, y sobre todo la Catedral de San Genaro (Il Duomo), en la calle del mismo nombre, del siglo XII en donde se produce la famosa “licuación de la sangre de San Genaro”, un milagro multitudinario que cada año se produce, y que aun está sin explicar. La leyenda predice grandes catástrofes para la ciudad, en caso de que no se produzca. Y de momento, las pocas veces en las que no se ha producido el fenómeno, ha ocurrido alguna desgracia.

No debemos de olvidarnos del Castel dell´Ovo, rodeado de una marina en donde abundan los restaurantes de pescado, y con una animación especial, el vecino de Barrio de Margelina, con sus palacios multicolores y su animado paseo marítimo; el Mirador de Posilipo al final de dicho barrio, y que es uno de los miradores más impresionantes de la ciudad separando Nápoles de Pozzuoli. Finalmente el Nápoles subterráneo, plagado de túneles, ruinas, grutas, cavernas símbolo de la riqueza arqueológica de la ciudad, y hasta algunas estaciones del nuevo metro, decorados de forma individualizada, por reputados artistas de arte moderno. Pero la escala es Nápoles es mucho más para cualquier crucerista.

LOS ALREDEDORES 

 En el Muelle de Beverello, a escasos metros de la Estación Marítima, podemos tomar un ferry rápido para llegar a la Isla de Capri, refugio de ricos y famosos, pero que aun mantiene un cierto tipismo del pueblo de pescadores que siempre ha sido. Tras llegar a Marina Grande, hay que subir en el teleférico y tras la coqueta Piazza desde donde se ve todo el panorama, descubrimos las calles centrales, hoy invadidos por las boutiques, cafés y los alojamientos más exclusivos del mundo.

Aunque Capri presenta un aspecto aseado y ultra artificial, solo con meternos por alguno de los callejones angostos, podemos ver el tradicional Capri o la vecina Anacapri. Pompeya, aunque se llega a través de tren, en la línea Circumvesubiana hasta Pompeii Scavi.  No son unas simples ruinas más, sinó algo, irrepetible, testamento vivo de nuestra historia, como enorme cementerio grandilocuente, épico y trágico del sufrimiento y la tenacidad humana.

Un lugar que parece una localidad dormida, con huellas de un pasado que se nos hace conocido. Un espacio para imaginarnos lamentos, risas, voces en cada uno de sus calles, de sus termas, edificios. Un lugar con mucha fuerza humana y telúrica. Algo anclado en el presente y el pasado. Y unas ruinas para aprender sobre nosotros mismos, nuestro pasado, presente, nuestra cultura. Es como un libro abierto costumbrista y melancólico. Al fin y al cabo, el mundo romano nos ha legado casi todo.

Conviene comprar una guía, alejarse de los grupos, y explorar por tu cuenta. La pena es que muchas de las casas casi intactas, haya que verlas a través de rendijas o de una verja; es un espacio inmenso. También en tren, no debemos perdernos también, el Palacio de Caserta con sus versallescas fuentes; quizás un breve recorrido a los deliciosos pueblos de Sorrento, Amalfi y Positano en una Costa Amalfitana absolutamente visual, con casitas ancladas en los acantilados, y olor a limones.

 

MINI GUIA

Donde comer;

En la ciudad inventora de la Pizza por excelencia, conviene acercarse a la pizzaría más antigua del mundo en Port´Alba. No obstante la gastronomía de la zona ofrece también excelentes pescados, y ingredientes frescos y mediterráneos sobre todo hortofrutícolas. Adicionalmente dulces exquisitos y vinos excepcionales. Algunos lugares recomendados.

Pizzeria Trianon: en Via P Colletta 46, en el entorno de la Plaza Garibaldi y estación de tren. Ofrece quizás la mejor pizza de la ciudad.

Il Golosone, en Spacca Napoli, Via B. Croce in Spaccanapoli es un lugar absolutamente necesario para golosos. Prueba además de los típicos helados, el Sfogliatello Napolitano.

Amici Miei en Via Monte di Dio 78, cerca del Teatro Poloteanmo, impresiona por su larga carta en donde es difícil elegir. No solamente pizza.

Trattoria Dell´Oca en Via S Teresa Chiaia, 11. Ofrece una larga y sabrosa carta con cocina mediterránea y sabores intensos.

Que comprar;

Sobre todo, la ciudad nos ofrece un paraíso para los amantes de la artesanía. Hay que destacar las pequeñas tiendas de la Quartieri Spagnoli, también la famosa porcelana de Capodimondi, los camafeos, compras gastronómicas, el cuero, platería y joyería y las figuritas artesanas del belén. Además delicioso licor de limón “limoncello”. Las marcas de elite italianas se encuentran en Riviera de Chiaia (Vía Poeria, Piazza dei Martiri, Via Filangeri). Para moda masculina destaca Marinella en Piazza Vittoria. Todo un clásico.

En la red

www.enit.it

www.inaples.it/

 

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