Paseando por San Sebastián

Desde el Monte Igueldo vemos que si no existiese una ciudad en esta localización, habría que inventarla. En una lengua terrestre se extiende el corazón de San Sebastián. Protegida y acuática. Playas, río, defensas naturales convierten a la localización en un cómodo paraíso. Mires donde mires, la naturaleza ha hecho un trabajo perfecto, y por momento los hombres han construído una ciudad a la altura.

Por eso fue lidiada y batallada en numerables ocasiones. Hoy San Sebastián o Donosti, con uno de los índices de mayor calidad de vida es una estampa hermosa, potente visualmente y sobre todo variedad. Una ciudad muy coqueta y señorial que seduce. El tiempo del turista es limitado, a veces necesitamos regodearnos especialmente con cada destino, aunque en poco tiempo, supe cuales eran los poderes de la hermosa ciudad vasca. A pesar de ser un paseo muy fugaz.

Tanto si visitas San Sebastián en pocas horas, o durante días, estos son sus poderes.

-No todo es la Playa de la Concha.

Aunque gran parte de ella sí. Hoy hay surfistas, y este extenso arenal es el paseo por excelencia. Un «playón» con todas las letras. Larga, hermosa y plácida fue ciudad real desde que la Reina María Cristina comenzó a pasar sus vacaciones. Desde esa época, la Belle Epoque se adueñó de la ciudad balnearia, siendo lugar de veraneo de los más pudientes.

El Peine de los Vientos preside uno de los lados. Hoy en día ha perdido cierto lustre aristocrático, pero es un hermosísimo arenal en donde todavía quedan vestigios de su pasado regio. Por ejemplo, el Complejo Termal de la Perla. La Isla de Santa Clara en medio del bahía, completa un cuadro visualmente perfecto.

Si pensamos que tener la Concha como centro de esparcimiento y paseo es un privilegio, tener más de una playa es algo único. San Sebastián ofrece playas por duplicado y triplicado. La Playa de la Ondanerreta rivaliza en elegancia. Además la de la Zurriola está presidida por el Monte Ulía.

-El Kursaal

La arquitectura de vanguardia forma parte del patrimonio moderno de cualquier ciudad española, que tenga las suficientes «luces» de afrontarla económicamente. Guggenheim, Cidade da Cultura, Centro Niemayer en San Sebastián se llama Kursaal; lugar de celebración del famoso Festival de Cine de San Sebastián.

Además, La Semana Grande, o el Festival de Jazz. El Kursaal era un palacio casino, de ocio en 1921 que era el centro de la vida lúdica de la ciudad. Se tira para hacer el Puente de la Zurriola, y el nuevo (aunque no popular en un principio) se levanta en 1999, de acuerdo a un proyecto de Moneo.

Como un gran barco verde que mira al mar, es un imponente edificio que contrasta con el horizonte marino, y sirve de especie de guardián del Casco Histórico. Dos cubos de madera, cristal con un verde que juega con el ambiente. Sala de exposiciones Kubo, conciertos, etc. Es un edificio esencial.

-Su casco histórico

Aunque la ciudad sufrió un poderoso gran incendio, el corazón histórico es un delicioso complejo de bulliciosas callejuelas peatonales por las conviene perderse. Hay varios puntos de interés. El Puerto Viejo al final de la Concha, nos habla de una San Sebastián íntima y tradicional. Las dos iglesias más importantes Santa María y San Vicente, y sobre todo la pintoresca Plaza de la Constitución, antiguo «coso taurino» de la ciudad.

El barroquismo de Santa María, que preside la Calle Mayor es una referencia turística esencial. En una zona de transición, está el Ayuntamiento (antiguo casino) los jardines de Alderdi Eder, y las mejores vistas de la Playa de la Concha.

 

-El Ensanche o el nuevo modernismo

Tras el incendio de 1813, ya la ciudad ya se mostraba insuficiente. Con unos aires claramente afrancesados, se diseño en el sur un ensanche elegante, racional y europeo. Amplios bulevares hoy muchos peatonalizados, grandes avenidas con arcos, simulando plazas como a parisina Place des Vosges, y casonas, palacios y grandes edificios públicos.

Destaca la catedral neogótica del Buen Pastor, Biblioteca Municipal, Edificios de Correos, o la animada Calle de los Reyes Católicos siempre con una inusitada actividad. Como punto de turismo gourmet, hay que visitar el Mercado de San Martín, y sobre todo la Plaza de Guipúzcoa con grandes edificios de influencia decimonónica.

El gran edificio de la Diputación Foral, fue levantado a imagen y semejanza de la Ópera de París. Finalmente el Teatro Reina Victoria, y el Hotel María Cristina. Un clásico de lujo. Nos llevamos en mente, que la elegancia arquitectónica es la clave en la ciudad vasca.

-Los pintxos

Lo bueno de la cocina vasca no son sus ingredientes de primera calidad, es que es una disculpa para salir y socializar. Hay cientos de locales, en donde se muestran pinchos en la barra, cada cual pequeños bocaditos y bombas de sabor, y creatividad.

La dinámica es la «slow food», tipo: Txacoli, pincho, más vino, más pinchos hasta que nuestro estómago pida clemencia.

El arte de explorar «mostradores» gourmet, con despliegues increíbles es perfecto para descubrir la ciudad. Como gasolineras humanas para cargar energías.

-La San Sebastián de las vistas

Guarecida por lo montes Urgull e Igueldo, son lugares para observar la magnifica localización de la ciudad, y el portento natural de la bahía. Además del Monte Ulía.

Podemos tomar el funicular de Monte Igueldo para tener la vista más hermosa de todas, aunque por triplicado, podremos ver varios aspectos aéreos de una ciudad fascinante.

 

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