mié. Jun 26th, 2019

RUMANIA

Cuando se llega al amanecer, a bordo de uno de los B737-300 de la compañía rumana Tarom al aeropuerto de Bucarest-Otopeni, la oscuridad lo domina todo. La impresión que nos invade, debido a la tenue iluminación que se percibe al aterrizar, es que acabamos de entrar en el umbral del reino de las tinieblas. No en vano hay que recordar que Drácula campaba a sus anchas por estas latitudes. Es inevitable, en medio de la contagiosa tristeza, evocar la sangrienta revolución de 1989, pensando que los tràgicos acontecimientos han sumido al país en la anarquía. Nada más lejos de la realidad, bajamos del avión y la luz cambia nuestra impresión inicial. Lo mejor para desterrar esta imagen es cruzar el país de norte a sur; desde Bucarest, su capital, al norte, cruzando los escenarios cambiantes de la Transilvania, Bucovina y Moldavia. El carácter polifacético de un país tan ètnicamente dispar, tiñe de variedad y contraste el paisaje; ofreciéndonos una sucesión fascinante de escenarios variados.
Bucarest, la Petit Paris, y punto inicial del viaje, ha dejado de ser una de las capitales más pobres del Este de Europa.  Todo bulle cambio, hay una necesidad de dejar atrás la pesada herencia  soviética: las aportaciones capitalistas se ceban en los ciudadanos. A pesar que la primera impresión del país es la de un lugar en donde el tiempo se haya detenido en los años  setenta, los habitantes quieren  recuperar el tiempo perdido a toda velocidad: móviles, Mc Donald, Benetton, coches occidentales parecen hacer olvidar en algunos momentos que hace tan sólo once años se produjo«lo que se produjo». La apariencia de Bucarest es la de una urbe de grandes espacios abiertos desde la inmensa plaza de la Revolución donde Ceauscescu soltó su último discurso ante una turba encolerizada, pasando por el gigantesco Palacio del Pueblo y sus barrios adyacentes que fueron erigidos por el dictador tras derruir gran parte de la ciudad antigua, y casi tan grande como el Pentagono, impresiona por su colosal  aspecto y da idea de la locura megalómana y deliciosamente kitsch de su creador.

                   Pero Bucarest es una ciudad de jardines  urbanismo amable, grandes avenidas con enormes edificios e infinidad de puntos de interés turístico como el Museo de la Aldea que recoge una interesante colección de casas de diversas zonas del país. Pero para apreciar el hermoso rostro del país, hay que dejar la capital y lentamente, cual caravana de zingaros se tratase, emprender camino hacia el norte del país siendo la primera parada obligada, Brasov: deliciosa ciudad medieval a la entrada de los Carpatos. Pero, antes nos encontramos la sorpresa alpina de Sinaia. Todo el enclave es evocador y decadente, y sus casas de madera parecen haber salido de la imaginacion delirante de Allan Poe, o la mente de un poeta gótico. Sin despreciar, la oferta hotelera de Brasov, queda mas aparente, pernoctar en Poiana-Brasov, estación invernal en lo alto de las montañas que rodean a la adusta Brasov. En lo alto, uno parece entrar en un deleite orgásmico contemplando un panorama tan pastoril y bucólico, tanto que parece haber sido el modelo fotográfico de las dulzonas postales que adornan las chocolatinas suizas y donde se respira un aire insultantemente puro.
Entre Brasov y Suceava, el castillo del Conde Dracula se presenta como visita obligada. Sin embargo en vez del aspecto tétrico de la novela de Brian Stoker, parece la edulcorada morada de Mickey Mouse. Nada parece evocar los sangrientos empalamientos que el personaje practicaba en su patio. Paredes blancas, dulces balcones de madera llenos de flores, y un mobiliario suave y acogedor. Que difícil lo tenía el crápula para asustar. Otro escenario grandioso y algo mas tétrico, y en donde se palpa el personaje es la vecina Sighisoara, ciudad monumental donde las haya. Aunque todo presenta un aire decrepito, no solo las murallas o la altiva torre del reloj nos devuelve a otras épocas. 
         Bistrita es una activa y pacifica urbe de provincias con una interesante sucesión de arquitectura civil como el ayuntamiento, la catedral ortodoxa y el Palacio del Pueblo. Suceava, muy cerca ya de la frontera ucraniana es el punto perfecto para la visita de lo mas impactante del viaje, que son los monasterios ortodoxos que por sus pinturas murales han sido nombrados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y justifican por si solos una escapada al país. Como mínimo, hay que visitar Voronet y Moldevita para hacerse una idea global de estos. Perfectamente guiados por vehementes monjas es fácil caer en un éxtasis estético contemplando las multicolores pinturas murales bíblicas que cubren completamente las paredes externas, internas y del techo. No en vano, Voronet ha sido llamada la Capilla Sixtina de Rumania, por sus esplendidas frescos del juicio final.
   Rumania es el país del contraste, la sorpresa y variedad. Contraste que se manifiesta en la gama de escenarios paisajísticos y sucesión de arquitectura popular que se nos presenta en las diversas regiones y etapas de nuestro recorrido. A pesar de que la casa rural, a lo largo y ancho de Rumania tiene como elemento común la madera, los pueblos con un tipismo poco usual en nuestro globalizado mundo, varían según el origen étnico de sus moradores que pacíficamente cohabitan en el país. Desde los pueblos sajones que todavía atesoran unas fantásticas fortalezas circulares y cual Arca de Noe, eran utilizadas para guarecerse de sus enemigos, pasando por los pueblos de los Cárpatos hasta las aldeas húngaras, en donde se ven la presencia de elementos arquitectónicos realmente exóticos y únicos como los portalones de entrada y pozos de influencia claramente oriental y que nos hace sentir en un lugar del Lejano Oriente.
La naturaleza explota a menudo en todo su esplendor, brindándonos paisajes tan inquietantes como el Desfiladero de Blaz, en donde entre altos peñascos uno se siente casi amenazado entre tales caprichos tectónicos, o el enigmático Lago Rojo con origen de leyenda. Aunque, la vida cotidiana de los ciudadanos rumanos dista mucho de ser ideal, sin duda es el lugar perfecto para unas vacaciones fantásticas, no solo por la amabilidad y humildad de sus gentes, que se desviven por ofrecer la cara más amable del país, sino también por el hecho de que nos ofrece una gama de facetas turísticas diversas. Cada viajero encontrará siempre lo que busca, con todo lo que desfila delante de nuestras pupilas. Todo es inesperado y nada nos dejará indiferente.

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