RUMBO A ESCANDINAVIA: Sorteando tormentas

Había sido un vuelo tranquilo. Las tardes de agosto en Escandinavia suelen ser tranquilas y luminosas. Mirando a través de las ventanilla de  mi A320, tuve una sensación de frustración. No podía ver el brillo del sol sobre los lagos que rodean Estocolmo. 

En una semana había planificado una especie tour express por tres países de Escandinavia. Volar a Estocolmo, cruzar en mini crucero, por el Báltico hasta Turku parando en el recóndito Archipiélago Alang. Volar a Copenhague, y desde allí un día después hasta Riga, la capital de la pujante Letonia.

Miré de nuevo, y una manta negra cubría completamente el aeropuerto de Estocolmo. La comandante Maruja (tras risas, y algún improperio machista que venía desde el fondo del avión), anunció fuertes tormentas sobre la capital sueca. Haría lo mejor para evitar lo peor del temporal. Oh my God¡¡¡

Aprieto las nalgas, tenso la espalda, agarro los apoyabrazos con fuerza y el avión se mete en la negritud. A pesar de las turbulencias, la dulce anciana que ocupaba el asiento de al lado, no levanta los ojos de los patucos de ganchillo que estaba elaborando. Tras un giro de aquí, alabeo de allá, la comandante maruja fue maniobrando suavemente como una bailarina de ballet, hasta posar magistralmente el avión en pista, sin demasiadas complicaciones y lío.

Para que después hablen de las mujeres.

ESTOCOLMO, cruzar en barco a ALAND, TURKU, Copenhague y finalmente Riga. Es lo que pasa, cuando no tienes más que una semana.

 

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