TESALÓNICA. La ciudad de Alejandro Magno

La ciudad de Alejandro Magno, lucha aun contra el «sambenito de ser la «segundona» después de Atenas. La Macedonia fue una zona muy convulsa, en donde las fronteras fluctuaron. Una especie de alfombra por donde pisaron culturas. Griegos, romanos, bizantinos, otomamos, y lugar donde se refugiaron los safardíes, tras su huída de España.

Todo esto, la hacen un lugar especial, y culturalmente activo. La primera visión de la urbe de Tesalónica no es positiva. Como el caso de Atenas una ciudad caótica y cementosa en la cual no se esforzaron en hacerla hermosa. Las decenas de batallas, guerras civiles produjeron una devastación destacada. Cuando comencé a meterme en su piel, la vi con una personalidad única.

Nunca en ningún lugar convive de forma armoniosa tantas contradicciones. Ese caos no se debe a su desorden, sino a parece que le estallan las costuras de tanta personalidad. Se suele comenzar caminando un trozo de su paseo marítino. De hecho es uno de los más largos del mundo, con más de doce kilómetros.

Llegué hasta uno de los símbolos de la ciudad, que es la Torre del Viento. Como parte del sistema defensivo ha estado siempre ahí, como parte integrante y guardián de la ciudad. junto con la estatua de Alejandro el Grande. En la misma Torre del Viento, por 9 euros se puede tomar el bus turístico. La primera parada El Museo Arqueológico, acoge algunas de las colecciones más interesantes de todo el país. Artefactos de los yacimientos arqueológicos de la regiones, destacando sobre todo las tumbas reales de Aigai y Pella.

Hay un mestizaje artístico que se ve en sus edificios, que han pasado de mano en mano cambiando sus atribuciones, y esto se ve en Santa Sofía; sería la segunda parada del autobús. Un templo con tantos aditamentos, que no se parece a nada en este mundo. Una especie de venganza ortodoxa por lo ocurrido en Estambul. Hermosísimos frescos, sobre filigranas islámicas, en una planta con decoración que nos recuerda a ratos a una basílica bizantina, y en otras a un sinagoga. Si en la ciudad turca, una iglesia terminó siendo mezquita, aquí una mezquita siendo iglesia.

Más reciclaje, se ve en el templo más espectacular de la ciudad. Tercera parada. De templo romano, a basílica ortodoxa. Aunque Agios Dimitris haya sido destruida en 1917, su reconstrucción es milimétrica para honrar al patrón de la ciudad. Hay dos grandes espacios que son el latir urbano de Tesalónica. El bulevar Egatia, y otro perpendicular con arcos, que va desde el puerto, hasta el gran parque de la Plaza de Aristóteles. Y esta, es un espacio especialmente hermoso. Grandilocuente, y amplia, podemos sentarnos a alimentar a las palomas, o ver la actividad frenética de una urbe animadísima.

Estatuas, jardines, iglesias, y señores jugando a las cartas a la sombra. Niños jugando, vendedores, y estudiantes cruzando hacia la universidad, una de las más prestigiosas del país. En el medio, podemos también ver el ágora romana, los baños turcos, y numerosas mezquitas e iglesias.

Más allá, un bazar en sus inmediaciones, que ahora es un mercado gourmet que hace las delicias de turistas y amantes de la buena cocina. Aun podemos ver muestras arquitectónicas, de lo que era un bazar otomano del siglo XVI.

Subimos ahora desde Agios Dimitris, hasta lo más alto de la ciudad. Mucha gente sube a lo que llama la «vieja Tesalónica». Un laberinto de callejuelas en lo alto de la montaña, en donde todavía mantiene las antiguas fortificaciones, y el Fuerte Eptapyrion, que mantenían a la ciudad inexpugnable. No es arquitectónicamente especialmente hermosa, sino moderna, pero define perfectamente como vive sus habitantes. Tabernas, fuentes, y comunidades locales, viviendo sus «actividades» más cotidiana.

El bus, vuelve a bajar al centro de la ciudad. Aunque las calles más «fetem» de la ciudad son arterias como Tsimiski o Koromila, la Calle Egnatia, que cruza la ciudad de este a oeste, es una de las vías más tradiciones para encontrar los viejos cafés, las pastelerías locales, y los comercios antiguos de toda la vida. Siempre en un caos de tráfico, y ruído los habitantes van y vienen a toda prisa. Se siente una marea de actividad.

Al principio de Egnatia tenemos los dos monumentos romanos más impresionantes: una la Rotonda. Una especie de Panteón local, imitando al de Roma, y que formaba parte de un complejo palaciego y templos, y el Arco de Galerio. Además restos de murallas y fortificaciones.

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