TOMANDO EL TÉ EN UN CRUCERO

La experiencia cruceristica surge en el mundo anglosajón, cuando el concepto de los glamurosos barcos de línea, en donde ricos y famosos se desplazaban gracilmente en unas primeras clases sencillamente palaciegas, se traslada a las vacaciones de clases menos pudientes. El acto obligado: sorber té en los largos días de navegación, con toda la parafernalia: teteras calientes, preparación meticulosa, servido lentamente al ritmo de música de cámara, y mecidos por la olas. Aunque los cruceros han ido perdiendo parte del barniz de lujo y sofisticaciòn, todavìa quedan rituales que nos permiten experimentar pequeñas dosis de clase. Es la hora del tea time en los cruceros. 

Sin duda, la experiencia más civilizada sigue siendo el ritual del “Time Time”, tradicionalmente un acto social para relacionarse, y disfrutar de los placeres de la tradicional infusión, unida a los pasteles màs tentadores, y preferiblemente servido con servicio “guantes blancos”, y brillo de teteras, y reflejo de delicada porcelana. Los barcos no son una palaciega casona inglesa, ni un gran y opulento hotel londinense tipo Dorchester, pero las navieras de lujo, han intentado que tengamos nuestros momentos de lujo dosificado. Intentemos analizar algunas de las ofertas màs destacadas. Cunard, Crystal, Seabourn, Silversea, y Ponant.

Cinco ofertas de lujo, cinco estilos determinados.

Queen Mary2 (1-10-09) 258Cunard mantiene la tradición de intentar, que sus barcos se parezcan al màximo a sus antiguos vapores de linea entre Inglaterra y los Estados Unidos. No son los salones del Titanic, pero las Queens Room, a ritmo de arpa sigue siendo los lugares perfectos, para dejarse ver. Se sirve usualmente “regular tea” o “Earl Grey”, (con una nubecita de leche, of course) con un personal impecable de guantes blancos, y que sirven unos suculentos pasteles, scones, y los tradicionales sandwitches.

No ofrecen teteras individuales, sino camareros que rellenan las tazas cada vez que queramos. Por el contrario, las navieras exclusivas con barcos pequeños y que no pueden competir en tamaño y “escena” con los grandes salones, ofrecen individualización.

192) Tea TimeEl te de Silversea y Seabourn, se parecen milimetricamente. Salones en las cubiertas superiores, camarerosP1000449 vestidos a la vieja escuela, y selección de tés de marca (desde los negros aromatizados, verde, rojo, orgánicos, o los de toda la vida). Servidos en mesas bajas, y salones usualmente panorámicos, tienen varias diferencias.

Mientras Seabourn se especializa en los “tés” en si, sirve los dulces, con el sistema de bandeja. Silversea por el contrario, ofrece el sistema de platos de varios niveles, con servicio individual, dando un aire personal y exclusivo. Sistema muy británico, por cierto. Si los tradicionales Scones, rich fruit cake, sandwitches, tartas, ecclairs, son similares, en todas las navieras hay notas distintivas.

Seabourn ofrece un buffet de dulces sublime y finos canapés, en donde la persona puede individualmente servirse si no quiere esperar a su solicito camarero. Silversea presenta una perfecta selecciòn de forma individual. El servicio en Seabourn es màs tradicional, mientras que en Silversea se respira un aire màs cosmopolita, con servicio en unas elegantes mugs. Ponant presenta un sistema mixto, sin demasiados refinamientos, en sus minimalistas salones.

190) Tea Time

Silversea (2-11-10) 135Los màs pequeños (Le Ponant, y Le Levant), no permiten màs que bandejas de dulces en las mostradores de los bares del único salón común, tanto en el Le Diamant como en el192) Tea Time Le Boreal, uno se sirve las bebidas al entrar, desde unas refinadas teteras o cafeteras de bronce, y los pasteles franceses se sirven también en los tradicionales “torres de servicio de té” de varios pisos. Algo esencial en cualquier té, a la vieja usanza. Quien se lleva la palma en sofisticación es Crystal.

Grandes salones, y escenificación perfecta. Cada día con una vestuario diferente. Desde los fracs, e impolutos guantes blancos, pasando por el Mozart Tea con vestuario elaborado a la imagen de los salones de la Viena del siglo XVIII.

Un enorme buffet de todo tipo de delicadezas lo hacen ser lo màs opulento que podemos encontrar en cualquier barco. Sencillamente perfecto.

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