CORFU PARA CRUCERISTAS

No todas las islas de Grecia poseen todos los ingredientes tradicionales: paleta de colores de casas blancas y azules, ruinas, aridez. Hay algunas como Corfú, que es tan peculiar que reúne todos los ingredientes para ser una agradable sorpresa. Encrucijada de culturas, por su estratégica posición, ha sido un constante paso de los pueblos que han pasado por sus latitudes, haciendo que todos los poderes hayan dejado su impronta en cada esquina. Entre ellos, griegos, romanos, bizantinos, venecianos, franceses, turcos, rusos, británicos, alemanes y griegos de nuevo. Una de las pocas islas griegas que no se encuentra situada en el Egeo, sino en el Adriático, es como un universo de diversidades. Nadie posee una aportación de culturas tan intensas.

Una isla de solo 85 kilómetros de largo, y 18 de ancho, que a primera vista nos sorprende por su bellísima bahía, cuando nuestro barco se aproxima a la capital del mismo nombre. Una bahía escénica y recolecta, muy abrigada, casi cerrada con las costa Albanesa y Griega enfrente, en donde destaca las hermosas y desgastadas fachadas del viejo Corfú (Kerkyra en griego), y la imponente Fortaleza Vieja.

Debemos comenzar por la capital. Los barcos atracan a un par de kilómetros del centro. Suele haber shuttles a la ciudad, pero en todo caso, los taxis son frecuentes, baratos y dispuestos a enseñarte la isla, pactando el precio previamente. Pero comencemos con la ciudad de Corfú, que es la joya de la corona. Una capital con un riquísimo casco histórico, de calles estrechas, ambiente abigarrado, aunque algo turistón, que en si es una compendio de palacios, casonas, iglesias, de diversos estilos y épocas, junto esquinas, plazas y estampas pintorescas en un constante bullicio. Lo primero que nos llamará la atención es que no se parece nada a una ciudad griega. A veces nos parece Italia, otras Francia, y otras no sabemos que.

No es una gran capital, y debemos caminar despacio mirando a cada esquina. La exploración debemos de comenzarla por el parque y explanada de la Espinada, que separa la Fortaleza Vieja y la ciudad. Una fortaleza, a la que se entra por un puente del siglo XVII, y que es el símbolo de lo convulso que fue paso del tiempo en la isla. Construida por los venecianos, es un islote pegado a la ciudad, con dos promontorios en donde hay una torre en cada una de ellos, con una ciudadela intermedia entre ambos.

Tras cruzar la Espinada, nos topamos con el Edificio Liston, en la llamada Rue Rivoli, que es una especie de estampa francesa en medio del Adriático, bajo cuyas arcadas, tenemos las terrazas más “in” de la ciudad, y es el lugar de concentración de gente guapa y turistas. Un espacio para pasear y ser vistos. A sus espaldas, un intrincado laberinto de calles, que forman la ciudad vieja, en las que además de lo más turístico, tenemos algunos edificios más anónimos pero espectaculares, como la Mansión Ricci en el 15 de Moustoxydou, la Cobici en N Theotoki St, o el 41 en de Kottardou St con sus dos pisos porticados.

Aparte del ambiente de sus callejuelas, hay algunos puntos esenciales, todos concentrados en escasos metros como la Catedral de St Teodora Augusta con los restos del santo e iconos bizantinos, la Iglesia de St Spyridon, con su esbelta torre y un opulento sarcófago de piedras preciosas, el Ayuntamiento de estilo veneciano del año 1663, y un poco más allá, la Fortaleza Nueva, y el Teatro Veneciano de la Plaza de Theotoki. En el sur de la Espinada, tenemos el Museo Arqueológico, en Amerli Uraila con restos de la antigua Corfú, y los Yacimientos de Cassiopi y Thesprotia. Al norte de Espinada, tenemos el imponente Palacio de San Miguel y San Jorge, un antiguo edificio británico del siglo XIX, sede de la Pinacoteca de la Galería Municipal y el Museo Asiático.

Otros puntos esenciales sería: las Tumbas de Menekrates, una estructura circular del siglo VI-VII AC, a un par de kilómetros del Parque de Mon Repas,con el Monasterio de Ayios Theodoros,con el Templo de Artemisa. La zona de Mon Repas, es interesante no solo por su palacio, el parque o la plaza, sino por ser un lugar prolijo en ruinas, al estar asentada donde se erigía la antigua Corfú. Justo enfrente, los Islotes de Pontikonissi y Vlaherna. Por menos de 2€, un ferry nos lleva al lugar especialmente hermoso.

Cierto que la ciudad nos ofrece más, pero también debemos acercarnos a otros puntos de la isla. Hay varias formas de movernos, pero si no optamos por las excursiones del barco, podría recomendar los frecuentes autobuses de las compañías Blue y Green Lines, que parten en ambos casos de la Plaza de San Rocco. Si nos decidimos por esta opción, debemos pensar que no suelen ser puntuales, y hay que regresar con la suficiente antelación, para absorber retrasos y no perder el barco. Además, algo muy tradicional en la isla, que es el alquiler de motos o scooters, que por una cantidad de 12-20 euros, se pueden usar durante un día. Adicionalmente, alquilar un coche, costaría entre los 30 y 60 euros.

La isla es inabarcable en pocas horas. La primera atracción por excelencia es el Achilleon, o popularmente llamado palacio de Sissi. A nueve kilómetros, fue comprado la famosa emperatriz austriaca en 1889, para mejorar de su débil salud. No es que este edificio blanco, sea especialmente interesante, ni su colección de arte clásico digno de mención, pero ofrece las más hermosas vistas del mar de Corfú.

El otro punto por excelencia, y el espacio más fotografiado, es la Península de Kanoki a 5 kilómetros de la ciudad. En una península, se levanta un hermoso monasterio blanco, en una zona plagada de terrazas típicas con notable ambiente local.

A 25 kilómetros al norte, Paleokastritsa ofrece 16 playas espectaculares, altos acantilados y un típico pueblo, con el Monasterio de Panagia en una colina a 450 metros. Para terminar Benitses, a 25 kilómetros en el norte de la isla, con valiosas ruinas romanas. Asimismo, Sinaradesen el centro de la isla, nos ofrece estampas tradicionales, en una villa inundada de almendros y olivos.

Quizás si nos queda tiempo dedicaríamos un instante, para visitar las enigmáticas Ruinas Bizantinas de Kassiopi, a 17 km de Corfú.

Creo que, por encima de su legado patrimonial de indudable interés, de su cosmopolistimo, y escenas pintorescas, una de las principales bazas, es el poder de la naturaleza que se muestra salvaje y nada mediterránea.

Un verdadero vergel mezclado con litoral adriático. Una isla tan enigmática y distinta, que siempre es un lugar perfecto para volver. Siempre nos sorprenderá, con una cara nueva y atractiva.

GASTRONOMIA Y COMPRAS

Por supuesto, las compras gourmet en donde las aceitunas son omnipresentes en cada esquina. Infinidad de cosas desde cremas, jabón, pasando por aceite, etc. Además licor de naranja (Koum Kouat) , Ouzo, dulces típicos como la halva, o lokum, frutos secos. Además, cerámica, tejidos y joyería con motivos clásicos, reproducciones arqueológicas.

Comer es un placer, en cualquiera de las típicas al aire libre, de la parte vieja. Citamos un ejemplo: Gloglas Tavernaen 16 Guilford. La autenticidad hecha taberna, a un par de manzanas de la Explanada, a la sombra de una viña. Las estrellas del menú, los Souvlaki, y sobre todo las verduras cocinadas con sabores netamente mediterráneos. Hay que probar el vino tinto de la casa. En cualquier taberna lo esencial son los aperitivos mezedes, pulpo, gambas y calamares, hojas de parra rellenas, moussaka, y gyros, tatziki. O sea, lo característico de la cocina griega.

EN LA RED

http://www.corfu.com.es/
http://www.allcorfu.com/ou-buses.html
http://corfumegarentacar.com/
http://www.motorpower.gr/

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