CUBA Riqueza colonial

Cuba es una larga lengua de tierra, que separa el Atlántico y el Caribe. Asi de importante es su presencia geográfica. Me hubiese gustado acércame hasta Santiago de Cuba, pero es lo que tienen los viajes de una semana. No podía faltar recorrer las bellezas coloniales más hermosas del centro del país, sumergirse en el interior de su geografía, e intentar conocer mucho más a este intenso país. Ya sé que tres días fueron insuficientes, pero si que dejaron muy buenas sensaciones. La riqueza colonial es absolutamente asoballadora. 

En mi viaje por el interior de Cuba, aunque sea el más turístico, obviamente palpas realidades muy duras, escenarios muy degradados, y sobre todo escenas paupérrimas. Nuestro guía privado local, tenía buen tiento de que no nos metiéramos por sitios «comprometidos», pero siempre hubo momentos, para mirar al más allá del espejismo turístico. Supongo que vas haciendo un sandwitch trufado de pena, espectáculo visual, y sobre todo una gente siempre amable y dispuesta a ayudarte, pero huidiza cuando vas más allá de los que estrictamente turístico o personal. 

Una enorme y opresiva losa, los sigue atenazando y no son muy dados a hablar, o por lo menos en alto, sin mirar a derecha e izquierda, pero Cuba es algo más. La Cuba universal y perenne. Tierra que enamoró a España hasta convertirla en la colonia más rica, y sofisticada de todo el imperio. Algo que fue muy duro perder.
La primera parada fue Matanzas, y directamente a Santi Spiritus. Una de las ciudades monumentales más hermosas de Cuba, y que es famosa no solo por tradición en el cultivo de la caña de azúcar, que en su tiempo la convirtió en una rica urbe llena de notables edificios, palacios etc, sino por dos cosas imprescindibles. 

Por un lado, es donde se cortó la primera Guayabera (típica camisa blanca cubana), y por el antiguo puente sobre el Rio Yayabo. Multicolor, empedrada, y muy bulliciosa, fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988. Además de su plaza central la Iglesia del Santo Espíritu, es una ciudad especialmente agradable y hermosa. Me pareció deliciosa una especie de hamburguesería, en la Plaza Central, anclada en el tiempo, en el que todo menos la carne de las hamburguesas, databa de la época pre batista. Un curioso carromato de niños cubanos ansiosos, llegó al local, para pasar una calurosa tarde de verano, degustando las delicias locales. No estaban especialmente ricas, pero si que el lugar era una estampa anacrónica deliciosa. 

Si Santi Spiritus me pareció fastuosa, nada que ver con la Perla del Sur de Cuba. La preciosa Cienfuegos. Situada en el Caribe, que constituye el sur del país, siendo la cara norte el Atlántico, fue una de las ciudades de veraneo por excelencia del país. Hermosísima urbe balnearia, que también conoció una febril actividad mercantil y turística. Tiene un urbanismo modélico. Su Plaza Central, inmaculadamente restaurada, parece sacada de una telenovela de época sudamericana. 

Muy neoclásica, y afrancesada nos ofrece unas calles rectilíneas, hermosos edificios como el Teatro Terry, y un malecón larguísimo con extensas playas, en donde todavía vemos vestigios de tiempos más ricos, y mansiones de antiguas familias como el Palacio del Valle (cual tarta de boba) o el antiguo Yacht Club. Nuestro guía, habitante de la ciudad por excelencia, se cansó de ensalzarnos las virtudes de Cienfuegos, y merece nuestro homenaje insertando un video por su incansable labor en este mini tour.

Pero la parte más intensa, tras recorrer el Caribe hacia el oriente Cubano, era la perla colonial por excelencia, de Trinidad, y punto esencial para todo turista, que busque las raíces del país. Sin discusión, una bellísima ciudad antigua, que es un compendio maravilloso de casas coloniales multicolores, enrejados, calles empedradas, soportales, y palacios que nos hace ver era la vida en una opulenta ciudad de provincias del siglo XIX.

Parece que nada ha cambiado, salvo las hordas de turistas, que visitan los salones de algún antiguo palacio, museos, o tal vez los locales de moda como el Casa de la Trova, lugar perfecto para escuchar sones cubanos, acompañados del omnipresente mojito. Desde decenas de patios reconvertidos, el atardecer se disfruta a la sombra, de forma tranquila, y esperando a que providencial tormenta vespertina.Y no podía faltar la visita a una plantación de azúcar, como la de la familia Iznaga, con su alta torre para vigilar sus esclavos en los campos de caña. 

 Caña que trajo riqueza y esclavismo, y que sigue respirándose en cada esquina de Trinidad.

La verdad es que mi paso por Santa Clara, a la vuelta, la cuna de la revolución fue fugaz, y se limitó a las paradas usuales en todo país políticamente “peculiar”, en donde hasta los turistas deben rendir su cuota de pleitesía al régimen, visitando iconos como el Tren Blindado Descarrillado por los rebeldes en su última batalla contra el régimen, o la visita al enorme mausoleo del Che. Lo que más me interesaba fue la estancia en los famosos Cayenes. Una especie de alojamiento en típicas chozas de caña, muy locales, y en donde se disfruta de una comida cubana excepcionalmente buena. Y como no, cocktails de coco servidos en sus conchas, antes de unas barbacoas al lado de la piscina. Y todo esto, debajo de un purísimo cielo cubano lleno de estrellas.

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