Embarque en el velero LE PONANT

El cielo estaba azul, prístino, y luminoso. Veo la sombra de mi avión reflejada en el color esmeralda de la hierba mojada. Cierro los ojos, y reflexiono sobre las razones por las que en determinadas épocas de tu vida necesitas algo de tranquilidad. Navegar, cerrar los ojos, pensar, y sobre todo relacionarse con el mar directamente. No termino de comprender, aunque lo respeto, porque muchos cruceristas creen que los mares son sus enemigos.

Ponen barreras entre ellos y las aguas, se aíslan en gigantes cajas flotantes, y esperan que sea como un enorme hotel atestado, y preferiblemente sin el menor movimiento, que le recuerde que los barcos “se mueven”.  Me gustan las aproximaciones a Barcelona a primera hora de la mañana. El mar brilla, y el avión baja poco a poco hacía el Prat, y puedes ver desde el lado derecho todos los barcos. Los “tochos”, y mi pequeño Le Ponant en el el WTC. Chiquito pero hasta “guapo” desde arriba.

No suelo reservar transfers con las compañías, pero en esta ocasión, y porque me sentía especialmente perezoso, decidí reservarlo por la comida en una típica masía de Barcelona, con decoración tradicional, cocina catalana, y sobre todo porque eran transfer con grupos pequeños de personas.

También para poder visitar la magnificencia de la sagrada familia, y ser trasladado a solo 30 minutos de la salida, directamente al barco era otra buena razón.

EMBARQUE

Olvídate de las largas cosas. A plena capacidad lleva 64 pasajeros en 32 cabinas. O sea…llegas, pasas a una pre-sala de embarque en donde un “garçon” francés con sonrisa profidén, y atuendo marinero nos conduce 150 metros a nuestro yate privado. El capitán nos espera a pie de nave, nos da la mano y nos invita a pasar a bordo. ¿Puede ser un embarque tan tranquilo?.

20160424_172135 (Copy)Todas las cabinas completas, pero 49 pasajeros de los 64 de capacidad total. Muchas cabinas iban vendidas en single. Cocktails, champagne, y esperamos por el capitán. Un amabilísimo comandante que fue cambiado a última hora. Debido a temporal de fuerza 10 en el Golfo de León, el barco navegará a Palamós en vez de Collioure, en territorio francés. Perpignan cambiado por Gerona.

Ningún motín como suele ocurrir en muchos barcos. La frase del capitán es lapidaria. “No tememos el mar, pero lo respetamos. Sabemos nuestras limitaciones”. Parece que el Rhapsody of the Seas pensó lo contrario. Una ola produjo daños, rompiendo parte del casco, con entrada de agua en los camarotes.

EL BARCO EN VIDEO

Solo cuatro cubiertas, aunque suficientes para una experiencia “yate”. Sobra lo superfluo. Una cubierta inferior con cabinas, que están increíblemente bien decoradas, colores muy marineros, y todas las comodidades propias de un crucero de mayor porte. Pantalla grande de plasma, mucho espacio de almacenamiento, maquina Nespresso, minibar, caja fuerte, secador de pelo, y un baño algo angosto, pero con una ducha con mámpara y productos L´Occitane. Todo muy “chic”. Me sentí como en casa desde el primer momento.

Cubierta principal compacta en donde tenemos una cubierta de paseo, restaurante principal Karukera, salón bar con piano y tonos blancos, azules, y toques de madera. Además  una  zona exterior para acceso a la marina. Cubierta superior con cinco suites, un restaurante buffet con mesas exteriores en popa y el puente de mando. Y la cubierta superior con tumbonas para tomar el sol. Suelos de madera, y toques de yate privado como maquetas de veleros, pinturas de escenas marinas, y elementos naturales como corales para hacernos sentir como parte del universo marino.

Una marina es perfecta para nadar en alguna cala privada, hacer snorkling, o usar las zodiacs en las escalas más recónditas.

PRIMERAS SENSACIONES NAVEGANDO

No apto para grumetes de agua dulce. Importante, que toda persona que se meta en Le Ponant, no piense que sentir el mar sea una maldición. Ideal para personas que necesiten sentir movimientos usualmente suaves, tranquilos y armónicos, o que no les asusten las eventuales sacudidas. Salimos con fuerza 5, que comienza a ser un mar algo agitado. A pesar de sus oscilaciones, siempre se mostró como un campeón. Tiene propulsión mixta vela (orientables), y motor.

La primera sensación es la de paz. Escuchar las olas, y el sonido del viento en las velas. El puente de mando está siempre abierto, y puedes participar de la experiencia entrando en él a cualquier hora. Con una ligerísima inclinación, se muestra estable en los primeros momentos de la navegación.

Comentarios

2 comentarios sobre “Embarque en el velero LE PONANT

  • el 1 Mayo, 2016 a las 18:46
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    Enhorabuena, esto si que es navegar, disfrutar del mar, tranquilidad absoluta.
    Espero algun dia poder disfrutar de esta nueva experiencia.
    Te felicito por la presentacion y redacción.
    Un abrazo Giulio y Rosa.

    Respuesta
    • el 1 Mayo, 2016 a las 18:59
      Permalink

      Seguiré colocando cosas. Es una experiencia muy agradable y diferente. Me alegro que te haya gustado.

      Respuesta

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