Estambul esencial con el tranvía T1

 Quizás es la única urbe entre dos continentes; y como encrucijada que es, durante el paso del tiempo ha sido codiciada y protagonizado mil y un conflictos: desde su carácter como capital de Bizancio, a su conquista posterior por los Otomanos. Entre dos mares, es una de las ciudades más visitadas del planeta, no solo por su legado monumental, sino por su peculiar y cautivadora personalidad.  Algo inexplicable, que hace sea una ciudad que se perciba de forma intensa con los cuatro sentidos. Aunque ha perdido la fascinación oriental, que percibían los primeros viajeros, es aun un compendio de contrastes.

La historia de la urbe es rica y compleja, y ha dejado una deliciosa mezcla de vestigios. Por otro lado, si ciertas ciudades viven de espaldas al mar, el agua forma parte de la idiosincrasia de la ciudad turca. En el Bósforo, entre el Mar de Mármara, y el Negro, es una urbe relamida por el agua en sus cuatros costados, y con luz, atardeceres y amaneceres bellísimos. Desde el agua, la visión es apoteósica. Casas desparramadas, minaretes altivos, en cada esquina y vida, todo coquetea con el agua.

Aunque a caballo entre Asia y Europa, también en sentido literal, la ciudad turísticamente pertinente, está situada en un lado Europeo; dos lenguetas separadas por el mil veces inmortalizado Puente de Galata, que bulle usualmente con una frenética actividad, y une las dos partes como un beso perpetuo. Aunque parezca lo contrario, el interés de la ciudad no radica en que posea un casco histórico conservado o hermoso como cualquier urbe italiana, sino por sus joyas artísticas; un interesante legado en palacios y mezquitas, desperdigado por todo el tejido urbano, y sobre todo por su ambiente peculiar a caballo de dos mundos, que se ve en cada esquina.

Abarcar la ciudad en pocas horas, es imposible, y conviene hacer una lista de objetivos. Para un principiante, que no quiera desgastar las suelas de las zapatillas, y agobiarse, o no quiera las limitaciones del bus turístico, hay una línea de tranvía, el T1, que recorre lo que llamaría “Estambul esencial”.

Istanbul_Rapid_Transit_Map (1)
Los billetes del tranvía (unas fichas que hay que insertar al entrar) se compran en kioskos, siempre cerca de las paradas en donde se vean los siguientes símbolos Jeton giresi, Akbil. También se puede comprar las Istanbulkarts recargables en los quioscos cercanos de las estaciones. El orden del tranvía es el siguiente con las paradas concretas, y por orden de llegada desde su origen en el norte en la parada de Kabatas
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photo by Radomil

Parada 1 KABATAS
Rumbo a Taksim: Desde ahí podemos caminar hasta la Plaza Taksim, o tomar el funicular F1. No debemos dejar de pasear por su bulevar más cosmopolita, el Istiklal Caddesi, y de subirnos a su tranvía de época, tomar un café en el nostálgico Hotel Pera Palace (usado para los viajeros del Orient Express), o visitar la decimonónica galería Cicek Pasaji. La Plaza Taksim es la cara más moderna de la urbe. Tiendas tradicionales, modernas boutiques, o tendencias, entre edificios lánguidos y históricos, hacen de las inmediaciones de Taksim una mezcla de modernidad y tradición.

Parada 2 KARAKOY.

La siguiente parada, después de visitar el corazón comercial de Estambul, bajamos para el Puente y Torre Galata, y el Barrio de Beyoglu. Entre empinadas cuestas, en un conjunto de callejuelas en donde el Estambul local estalla con todo su esplendor. Comidas típicas, bares, vendedores de artículos diversos, aguadores, la misma gama de tipismo que se ve más abajo en el entorno del Puente Galata. Con sus 468 metros de largo, y 26 de ancho, es todavía un lugar de bullicio y vida incesante. La Torre Galata construida por los Genoveses, se encuentra en lo más alto de la zona más típica: el Barrio de Begloyu

Parada 3 EMINÖNÜ

A la otra orilla del Puente Gálata, esta parada es la del Bazar Egipcio o de las especias, y Mezquita de las Palomas, (llamada también Yeni Cami).

El Bazar Egipcio, construido en el siglo XVII es la opción recomendable no solo para comprar especias, u otras delicias gastronómicas, sino para ver el ajetreo comercial de la zona. Hay que agudizar el olfato y vista, para ver la tentadora gama de colores, y olores de la comida. Delicias turcas, frutos secos, jabón de aceite de oliva es un mundo de sensaciones olfativas.

Parada 4 SULTANAHMET

El alma de Estambul, en el llamado Hipódromo para las dos mezquitas y la cisterna). Plaza del Sultan Ahmet o llamada popularmente Hipódromo, llamada así porque anteriormente había un enorme estadio romano, es el corazón monumental de la ciudad. Dos hermosas señoras, presiden con sus imposibles dimensiones la plaza. Por un lado la blanquecina Mezquita Azul (construida por el Sultán Ahmed I en el siglo XVII), con su cascada de cúpulas, y sus seis minaretes, que con su esbeltez rasgan el firmamento, es la más bella referencia estética del mundo islámico.
Por otro lado la de Santa Sofía, de desgastados tonos pimentón, es uno de los pocos lugares santos que sirvió a Dios y a Alá. Aunque el primer templo es del siglo IV, ha sufrido destrucciones, incendios, y reformas a lo largo de su historia. Tiene una cúpula de 55 metros, y aunque el Islam no permite representaciones humanas, todavía conserva exquisitos mosaicos bizantinos de la época cristiana.
Hay dos puntos esenciales en el entorno del Hipódromo. El primero, el Palacio Topkapi, antigua residencia de los sultanes otomanos, es un mundo de voluptuosidad, lujo y magia oriental. Salas y más salas, edificios, fuentes y jardines para un Palacio de las Mil y Una Noches.

Destacamos varias zonas: el Orakapi (una de sus puertas), las cocinas con su esplendida colección de porcelana oriental, la Biblioteca de Ahmed III, y el Tesoro; pero sobre todo el Trono de Nadir Sha, que es un autentico capricho de pedrería, junto con el Diamante Cuchara, o el Puñal.

Pero sin duda, junto con la Cámara de Murat III, la Sala Imperial y el Dormitorio de los Eunucos, destaca el Harén como la parte más evocadora y opulenta de todo el conjunto. Un despliegue que lujo y salas de estuco, decoraciones refinadas y trabajadas, cerámicas, ébano, o celosías. Por ultimo, en otro punto del entorno del Hipódromo, la Ciscerna de Justiniano o Yerebatan Sarayi, es algo más que un depósito de agua. Más que nada parece una catedral sumergida, con un aire ciertamente tétrico. Un complejo de 141 metros de ancho, y 336 columnas semisumergidas.

Parada 5 BEYAZIT.

Para el Gran Bazar también llamado Kapali Carsi. Es como entrar en otra época, aunque ha perdido un cierto tipismo es todavía un lugar fascinante. Un laberíntico espacio de callejuelas cubiertas, con unas 4000 tiendas de diverso pelaje, en más de 200.000 metros cuadrados, cinco mezquitas, 18 puertas de entradas, fuentes, y artesonados de azulejos. Algo que requiere grandes dosis de orientación.

Entre la turba insistente de vendedores que nos arrastran a sus tiendas, y la exposición de mercancías, es un mercado de muchedumbres, voces, bullicio y siempre regateo. Puede resultar agobiante para un occidental, pero tiene su encanto, y nos ofrece horas de entretenimiento. Y que quede claro, aunque seamos unos linces del regateo, y saquemos una buena oferta, el vendedor siempre saldrá ganando.

Parada 6 TOPKAPI

No confundir con el Palacio del mismo nombre. Esta es la parada para ver los últimos vestigios de las murallas bizantinas. El Imperio de Bizancio se mantuvo desafiantes debido a sus inexpugnables murallas, hasta que Mehmed II, y debido al uso de cañones, consiguió por fin entrar en Constantinopla en 1453.

Y más allá del tranvía T1¿Has quedado de ganas de una exploración más intensiva?. Estambul no se reduce a los puntos esenciales nombrados; pero difícilmente tendremos tiempo para más. Para viajeros avanzados, y que quiere ir más allá, hay otra lista de visitas interesantes. Estambul es zona de mezquitas, en donde destacan no solo la de Soliman, sino también las de Bayaceto, Schzade, o Fatih Cami.

Adicionalmente el Palacio de Dolmabahce, hacia el norte del puerto, y desde donde se puede caminar fácilmente en un agradable paseo. Es un mundo de opulencia, lujo, barroquismo y esplendor. Fue construido por los sultanes, para trasladar a la corte desde el Topkapi en el siglo XIX. El Versalles de Turquía, es un despliege de cristal, mármol, oro y alabastro.

Destaca sobre todo su mezquita, la Sala de Embajadores y Sala Azul. Si tenemos todavía tiempo, recomiendo vivamente el Barrio de Bebek como lugar en donde quedan vestigios de cómo era la Estambul de casas de madera, o el de Eyüp, y el Museo Arqueológico, la Fortaleza Rumeli Hisari .

Pero el espectáculo más glorioso es la salida, con cierta melancolía desde el mar. Como a lo lejos el sol, ilumina la Mezquita Azul, que se transforma su mármol en una gama de tonos rosas. Como el moacin llama a la oración, o como el horizonte de la ciudad se confunde con el mar y el cielo. Sin duda, una de las visiones más maravillosas del mundo, y que solo por eso compensa una visita la vibrante urbe turca.
 

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