mié. May 22nd, 2019

Cuando se habla de mercados emergentes, China ocupa el ranking de crecimiento. Sabía que la segunda ciudad del país de más de 20 millones de habitantes era ya una bulliciosa y cosmopolita urbe que rivaliza con otras capitales asiáticas más consolidadas. Cuando llegué al Shanghai Internacional Cruise Port y vi al otro lado el pujante centro financiero, con las luces de sus rascacielos en los que destaca la Torre Perla me dije: Adios trajes corte Mao y bicicletas, bienvenidos los coches occidentales y mujeres vestidas de Prada.

El puerto queda a 3 kilómetros, hasta el corazón de la ciudad, que son los edificios coloniales del The Bund, cuando esta populosa ciudad a orillas del Yantse era parte de potencias como Francia y Gran Bretaña. Miles de chinos con móviles de última generación hacen fotos por doquier, y decenas de parejas a punto de casarse se inmortalizan delante de las potentes luces de neón. De noche, caminas por unas calles peatonales en donde el despiporre de luz pone en relieve la imagen poderosa y rica de un país ya cosmopolita.

Dos cosas que no debes hacer. Si eres hombre y caminas solo, decenas de mujeres te ofrecen masajes, con tarjetas de visita con escenas procaces tipo dibujos de manga. Y pararse a hacerle una foto a algún chino.

Los habitantes están acostumbrados a los occidentales pero no los millones de chinos que hacen turismo interior.

El que les hagas la foto es la disculpa para hablar inglés, practicar, entrar en contacto con una especie rara como el occidental, y si les dejas se te pegarán como lapas. Inocentes, amables pero pesados.

¿Que visité yo?.

El bus de Big Bus Company tiene tres rutas para ver la ciudad por unos 100 yuanes. Unos 15 euros, delante del Bund. A metros de los shuttles de las navieras. Mis paradas fueron.

Yuyuan Gardens.

Te sentirás flipado por un gigante centro comercial «china turistónn style». Miles de tiendas entre una ciudad, que parece una antigua urbe medieval imperial China. Un señor mayor se acerca…¡Dios, otro que quiere conversación!, para indicarme amablemente que aquello era una turistada y solo para occidentales.

Los 4 euros del antiguo Jardín de la Paz compensan con creces lo que verás tras las murallas. Lagos, jardines, edificios de madera los hacen una maravilla oriental del siglo XVI, cuando Pan Yunduan de la dinastía Ming lo construyó. Nos recuerdan la sofisticación de la China que Marco polo tuvo que haberse encontrado.

El entorno de Yuyuan como me había indicado el amable anciano chino, es una rarísima mezcla de nuevo y viejo, tiendas para turistas, y «Corte Inglés» Shanghai Style. No estaba mal, sobre todo porque entre tienda y tienda de souvenirs podían encontrar cosas muy locales.

Premio para el chino, que a costa de verle la tienda de alfombras me subió a la terraza, con vistas espectaculares de la ciudad. Se dicen, que lo chinos son cochinos, que escupen…bueno. No sé en otros lados. En Shanghai son de los más cosmopolitas.

Ciudad antigua.

No queda, y está escondida conscientemente. Cada año, decenas de metros cuadrados son destruidos para dar paso a grandes rascacielos. Lejos de la curiosidad de los turistas, es un lugar perfecto para ver como un irreductible grupo de chinos, viven a espaldas del progreso. Barberías, bares locales, señoras cocinando y expulsando los aromas de especies locales, se mezclan con mercancías no tan apetitosas de mercados locales.

Pudong.

Al otro lado del río esta el nuevo centro financiero; una especie de Manhattan a la china en donde destaca aún en construcción, el quinto edificio más alto del mundo; construido con una fachada cristal será ecológico, sostenible y muy alto.

No debemos perdernos, otros edificios como la enorme torre Jiu Mao con sus 88 pisos.

La zona de Pudong representa el carácter bicéfalo de la ciudad. Se pretendía demostrar que la nueva China  mira hacia el futuro. Justo enfrente de los edificios coloniales del antiguo centro, está  mueve urbe, más americana, y con proporciones inmensas, es como una forma de decir: Mundo. Abran paso. Llega CHINA.

Plaza del Pueblo y Nanjing Road.

Los chinos quieren demostrar que tienen las mejores tiendas del mundo. Pasear por la parte sur de Nanjing es todo un despliegue de apabullantes marcas. Dior, Gucci, Cartier. Grandes y lujosos centros comerciales. Hoteles de gran lujo, bares y restaurantes sofisticados y consumo masivo. La primera sección de Nanjing entre The Bund y la Plaza del Pueblo, es peatonal, más activa y una de las transitadas del mundo. Neon, paseo y bullicio.

La Plaza del Pueblo es una de las plazas más grandes del mundo que fue construida como plaza publica en donde estaba el hipódromo del antiguo Shanghai colonial. Hoy no tiene nada de «popular»; a ella se asoman, grandes rascacielos, edificios art decó, hoteles de renombre internacional, museos y jardines, que constituyen el latir urbano de la capital. Podríamos decir, que una ciudad media española cabría dentro de la Plaza del Pueblo. Sin duda el símbolo de poder de la nueva china.

Templos.

A pesar de la modernidad de la ciudad es posible deleitarse con hermosos templos, en donde todavía apreciamos los signos de una cultura muy antigua. El primero pegado a la ciudad histórica y los jardines Yuyuan, es el Templo de Dios. Es considerado como el centro Taoista más importante del país. La gente quema madera y reza dentro de las capillas. Modernidad y tradición en la misma ciudad.

Aunque esta rodeado de grandes edificios comerciales el templo de Ying An o también llamado de la tranquilidad, es uno de los más antiguos del país que guarda uno de los budas más grandes de China, y donde podemos también disfrutar de artesonados de madera, una campana de la dinastía Ming etc.

Sobre todo si tenes tiempo, camina por cualquier jardín, para ver como los chinos hacen deporte, cantan, practican tai chi en grupo, o simplemente disfrutan de la naturaleza. Es todo un espectáculo. Como curioso es entrar en una tienda de golosinas. Mil y un sabores.

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