Ciudad Imperial de HUE


Hay reinos perdidos que se desconoce su localización, otros que son encontrados, y muchos que sabiendo donde se encuentran son conscientemente ignorados, porque como ocurre en la estúpida mente humana, son considerados como “objetivos” contra los que pagar la intolerencia de nuestras limitadas estructuras ideológicas. 

Los tarados “barbudos” dinamitaron los Budas de Babiyan, o las joyas arqueológicas del “Creciente Fertil” iraquí. Hue tuvo la mala fortuna de ser la capital histórica de la Vietnam prebélica, situada en el centro del país, justo cuando una guerra idiota (como si todas no lo fueran) y fraticida dividió Vietman. Muchos nos maravillamos de la Ciudad Imperial de Pekín. 
El emperador reinante en el Vietnam del siglo XIX, Nguyen Anh, decidió hacer algo que rivalizase con ella. No queda casi nada. Se ha perdido. Los bombardeos americanos, los choques terrestres, tifones, y un gobierno vietnamita comunista, que pensaba que eran edificaciones “feudales” y decadentes hicieron todo lo posible para borrar una de las últimas maravillas de la tierra. 

De 160 edificaciones, quedan poco más de diez. Y aunque están inmersas en un masivo programa de restauración, que se completaba este año, hay zonas como la Ciudad de Púrpura (en el centro de la ciudadela) y centro del poder imperial, que serán irrecuperables. De momento, no pongas límites a la voluntariedad vietnamita. 
Construida siguiendo las pautas del arquitecto francés militar Vauban. El resultado fue maravilloso.

Decenas de preciosos edificios de materiales nobles, arte, ciclópeos muros, fosos, y un vergel para gloria del emperador. 31 de enero de 1968 es la fecha de la destrucción.
 

Hacía calor, pero no pude dejar sentir una fascinación por la gran puerta de Ngo Mon. Se conservan otras puertas como la de Hien Nhon, y de las diez que había. Cuatro patios, 6 templos, y hacen de la Ciudad Imperial de Hue, algo especialmente hermoso.  
Entre una vegetación frondosa, bonsais, esquinas tranquilas se sitúan edificios varios, que tenían diversas atribuciones. Pagodas, artesonados, lacas, y paredes multicolores, y tejadillos a varios niveles, hacen de la visita algo fascinantes, hasta el punto de imaginarnos la grandiosidad de la opulenta corte.

La guinda es la gran sala del trono, que aun se conserva. Esperemos que los 61 millones de dólares iniciales para la restauración, sea solo el principio. 

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