TREVERIS. Y algo más que ruínas romanas


En otro artículo, os hablé del ingente patrimonio romano de la ciudad. Sentado en la MarktPlatz y escuchando el sonido de campanas, en un café tradicional, miré a las fachadas de la ciudad antigua iluminadas, con una luz crepuscular divina.

Curiosamente es una ciudad con ciertas similitudes a mi pueblo. En primer lugar tiene dimensiones humanas y tiene prácticamente los mismos habitantes. Asi como 100.000 habitantes. Tras la caída del Imperio Romano tuvo especial desarrollo en la edad media, teniendo un fuerte arzobispado católico, siendo una de las urbes en donde residía uno de los príncipes electores del Sacro Imperio Romano Germánico. Y además su catedral, es lugar de peregrinación. No por el Apóstol Santiago, sino por las reliquias de la Santa Túnica de Cristo.
Y aunque la presencia de las ruínas romanas lo impregna todo, hay otros puntos que no debemos perdernos. 
Hauptmarkt: El corazón de la ciudad, es inmenso y bellísimo. Un enorme escaparate de monumentalidad en donde se edificaban los edificios más hermosos. Centro de poder, y sobre todo lugar de reunión de los habitantes de Tréveris. 
Como ocurre en otras ciudades alemanes, los aliados devastaron casi todo el patrimonio monumental del que fue uno de los países más monumentales del mundo. Aunque la reconstrucción fue masiva, el resultado es especialmente llamativo. 
Es como la sala de estar de los habitantes de Tréveris. Hay edificios destacados como el salón de banquetes llamado The Steipe, y la fuente central que actúa como cruce de seis caminos. No es del todo sorprendente, que fuera el lugar por excelencia para comerciar, y el mercado.

Aunque hoy, se vende de todo; mercados de verduras, puestos de degustación etc. Las terrazas son perfectas para contemplar el panorama dominado por la torre de la iglesia de San Gangolfo. 

Casco histórico: Y volvemos a hacer referencia a la maldita Segunda Guerra Mundial. Tréveris fue ciudad fronteriza, sobre la que cayeron bombas. 
Aunque el entorno de la Hauptmarkt es agradable, peatonal, y hay monumentos, palacios y casonas intactas, encontramos una ecléctica mezcla de antigüedad y arquitectura moderna, que solo en casos concretos resulta ofensiva. Incluso habría manzanas enteras de edificios intactos. En conjunto, es una ciudad agradable para pasear y disfrutar. 
Iglesias: Aquí tendríamos que meter a la reina de todas. La impresionante catedral de color dorado. La miramos y es absolutamente impresionante, pero especialmente rara. No nos extraña. 
Su mezcla de estilos es tan peculiar, que nos parece, a ratos un edificio medieval, romano, y a veces un castillo. De orígenes romanos, fue adaptándose hasta ser una de las catedrales más hermosas y peculiares de Alemania. San Paulin es una referencia Barroca única. 
La de Nuestra Señora está mimetizada con la Catedral, y especialmente interesante es la Iglesia de Seminario teológico. Iglesias pequeñas, grandes, coquetas. Intimas y multitudinarias. 
 Aunque no salgan en las guías, hay decenas de templos bellísimos. San Antonio, San Pablo, o San Irminen. Si queremos visitar un lugar muy pintoresco, debemos ir hasta KrahnerStrasse. 
Ciudad de museos: La cultura siempre ha sido algo muy presente y arraigada en los alemanes. La red de museos es siempre un plus en cualquier ciudad germana que se precie. Al lado de Porta Nigra, y en un claustro románico, el Museo Municipal SimeonSift se muestran tesoros medievales únicos. Artefactos asiáticos, maquetas interactivas, y más de 900 objetos. https://www.museum-trier.de/Startseite/
Museo Catedralicio, Biblioteca de la Ciudad, Museo del Juguete o el famoso Arqueológico que es la estrella de la ciudad. 3500 metros cuadrados de pura historia http://www.landesmuseum-trier.de/en/home.html
El río y el vino: En Santiago tenemos el Sar y Sarela, pero en Tréveris tiene el gran Mosela. Dulce, suave, y plagado de vino. Hay decenas de actividades relacionadas con el paseo por las aguas, y la degustación del famoso vino del Mosela. 
Color dorado, usualmente afrutado,, y sobre todo muy agradable al paladar. El vino es como una celebración en cada esquina, bar, y hay decenas de puntos enológicos en cada esquina. Para apreciar los viñedos debemos acudir a puntos como la colina de Petrisberg. 
Casa de Karl Marx: No nace un ningún barrio deprimido de Alemania, sino que el inspirador del Comunismo nace en una acomodada casa de la tranquila Tréveris. En pleno casco histórico, más concretamente en la calle Brückemstrasse 10, en 1813. En este entorno se exhibe todo el proceso de maduración de sus ideas, y su influencia en la sociedad posteriormente. La fachada fue reconstruída entre 1930 y 31, siguiendo el formato original. 
Otras visitas. La lista podría incluir el Palacio Electoral, con un bello jardín; la torre medieval Franco, la Columna Igel. 

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