Un paseo por los viñedos de Burdeos

Algo debía tener la región de Burdeos para que en el año 48 los romanos decidieran plantar viñedos para abastecer a los soldados. Si miramos al horizonte de esta enorme región, con nueve regiones vinícolas determinadas, y uno de los principales productores del mundo, vemos horizontes infinitos de un manto verde de viñedos y Chateaux. Dícese de castillo en francés, y siempre asociados a una bodega.

Ya desde el siglo XII, y tras el matrimonio entre Enrique Plantagenet y Leonor de Aquitania, y que hizo a la región ser británica, los familias nobles no vieron mejor negocio que cultivar el néctar de los dioses, y algo que acompaña a la mejor gastronomía del mundo.

El vino, algo sutil, elegante, y que mueve pasiones. Un arte de disfrutar la vida con calma, y siempre deleitándose en debates, catas, matices, y largas degustaciones del rojo elemento.

Algo que es “bien nacional”, y que a lo largo de la historia su producción ha sido mimada hasta la extenuación, hasta conseguir dosis inusuales de calidad.

Actualmente, este triangulo que rodea a Burdeos, entre dos ríos (Garona y Dordoña) y el Atlántico, tiene a más de 9000 bodegas, 14.000 productores, 117514 hectáreas, 400 comerciantes, un negocio que mueve 14500 millones de euros al año, con 57 denominaciones.

Visitando el Chateau de Ferrand

Podría haberme empapado enológicamente en cualquier otro lugar, pero el lujoso Chateau de Ferrand fue el elegido. Construído en el siglo XVII, en tiempos del reinado de Luis XIV, Château de Ferrand fue famoso por sus fiestas, y ha permanecido como patrimonio de dos familia: Elie de Bétoulaud, quien se lo deja al Marqués de Mons, y actualmente al Baron de Bich, fundador de la fábrica de los famosos bolígrafos BIC. Hoy, la bodega es dirigida por Pauline Bich Chandon-Moët, y su marido Philippe Chandon-Moët, de claras connotaciones enológicas.

Visité la bodega, relativamente pequeña pero con unas técnicas de producción que rozan la perfección. The Château de Ferrand es uno de las pocas bodegas que ofrecen vinos muy maduros de calidad con la denominación Saint Emilion Cru.

Son 30 hectáreas, de viñedos con una edad media de 30 años; las uvas de variedades Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc se recolectan a mano.Un empleado nos explicó la cuidada elaboración nos pasó por las diversas instalaciones. Fermentación, maceración, temperaturas controladas son esenciales para su peculiar sabor, en más de 300 barriles.

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