VENECIA

Me encanta llegar a Venecia al atardecer y acceder a San Marcos por mar. En Alilaguna; el pequeño vaporetto que comunica la ciudad con el aeropuerto, y que cruza la laguna Veneta hasta la plaza San Marcos. Sobre todo, con poca luz, en el crepúsculo. Es muy dramático. 

He visitado Venecia decenas de veces, pero mi fascinación permane inmutable. El aspecto de la laguna, suele ser fantasmagórica, irreal pero sugerente. Las garzas vuelan de forma serena sobre las aguas, y se posan en los postes de amarre de las embarcaciones, que avanzan de forma tranquila. Poco o poco las primeras edificaciones se van mostrado, semi-sumergidas, casi deglutidas por las aguas, como si una ciudad de fantasía hubiese salido del fondo del mar. Dudo que la Atlántida, presentase un aspecto tan misterioso y cautivador a la vez.

Palacios entre las aguas, iglesias, casas, puentes, todo flotando sobre el agua. Poco a poco Venecia se materializa, mientras nuestra barca llega a San Marcos, en donde reina siempre una gran expectación. El contacto con esta “dama del lago”, se debe hacer como los antiguos navegantes, por mar. Camino hacia una pequeña pensión. Nada glamurosa, pero a 5o metros de la plaza más famosa y escénica del mundo.

EL PODER DE LA NOCHE

Dejo mis cosas, y siempre quiero que mi primer paseo sea al anochecer. De noche, entras en el lado más misterioso. Si todas las ciudades del mundo, son mágicas al anochecer, Venecia es  algo especial. Alguien, con escasas dosis de sensibilidad puede encontrar, la nocturnidad como un elemento que marca la fealdad y abandono de Venecia, y que pone en relevancia las arrugas. Quizás, pero también nos muestra todo su encanto.

La idiosincrasia latina, impone ropa colgada, poca luz, esquinas propias de conspiraciones, e historias secretas; sonidos de pasos tres nuestras espaldas, gatos mirando desde los recovecos, y luz delicada y mortecina.

Y LLEGA EL DIA

La ventana del Hotel Ai do Mori, es una de esas con “vistas”, a los desvencijados tejados venecianos. No hay nada mas glorioso que despertarse con las campanas del Campanile que nos da la bienvenida con una alegre repicar al amanecer. La plaza presenta al amanecer, una cara más diáfana, y alegre que la noche anterior. La plaza se encuentra abrazando el mar, en perfecta fusión.

No es difícil imaginar las velas al viento, de los barcos en los tiempos de la Venecia mercantil y los mercados en donde desembarcaban materias preciosas de Catai u otras tierras. Hoy es un escaparate, no solo de pomposos yates, vaporettos, sino de enormes trasatlánticos que pasan casi lamiendo la ciudad, de camino al puerto. La visión es sobrecogedora. Una doble fila de arcadas, rodean la plaza, frente a la atenta mirada de la fachada gótica de San Marco, y el Palacio Ducal mientras que el impresionante Campanile, cual policía impone su presencia y hasta cuida de la urbe.

El ambiente es “molto vivace” como las composiciones, por la vitalidad no solo de las bandadas de palomas, turistas o actuaciones de la calle que deleitan a turistas de alto standing, que se sientan en las terrazas de los cafés de uno de los entornos más estéticos de la tierra. Pero el lujo se paga, sobre todo el tradicional Café Florian, en donde la gente guapa local y turistas adinerados, se dejan ver. Y por supuesto, gafas de sol a doquier, icono chulazo de moda italiana.

UNA CIUDAD SIN MAPA

Si tienes un mapa “tíralo”. Te perderás. Me encanta guiarme por las flechas direccionales que inundan todo. Norte la Ferrovía, Sur a San Marcos, Gran Canal de Norte a Sur. Rialto que une las dos partes más importantes. Solo hay que dejarse llevar. Perderse una y otra vez, y viendo las sorpresas que el laberinto de canales y callejuelas nos ofrece. Es el lugar elegido por miles de parejas para hacer latir con más fuerza sus corazones.

El romanticismo se respira en el ambiente, y no hace falta hacerlo debajo del Puente de los Suspiros: icono de un cupido ñoño, sino que cada esquina nos hace vulnerables, e infla de amor eterno. Eso si, si estas solo no vengas a Venecia.

Todo es sorprendentemente cruel para almas atormentadas por mal de amores.

Callejear, a golpe de helados, foccacias y demás delicadezas culinarias. Vivir con intensidad cada esquina, recodo y escena. Cada canal nos parece el más hermoso, cada encuadre el perfecto, y cada monumento insuperable. Hay que dosificar las emociones, para no caer en la fatiga espiritual.

Cualquier disculpa es perfecta para abstraernos de tanta estética, y volver a aspectos más mundanos: un Bellini en el Harry´s Bar, un dulce en las múltiples pastelerías tradicionales, o una comida en una “italianissina trattoria”, de esas con manteles de cuadros rojos, mirando a cualquier recóndito canal, a poder ser aislado de las hordas de turistas. Y porque no, dejarse sumergir en el placer del shopping, no solo su mundialmente famosa papelería a la “antigua usanza”, cristal, máscaras, o las tradicionales boutiques “mega o sea”.

La ciudad sea una pura filigrana monumental, ya que durante muchos años, los ricos comerciantes de la ciudad, la mimaron, adornaron y convirtieron en el centro de poder más importante del Mediterráneo.

LAS PECULIARIDADES DEL AGUA.

Por otro lado, su situación dentro de la Laguna Veneta, la hicieron casi inexpugnable. Si en condiciones normales, el arte y la sensibilidad rezuman desde cada fachada multicolor, este factor agua la hace única. Y el líquido elemento lo domina todo, lo invade todo, y toma cada una de sus esquinas como botín de guerra. Agua que además de su tipismo, confiere a la ciudad problemas insalvables como la escasa salubridad de sus canales, el daño permanente a sus estructuras, las mareas altas, la incomodidad urbana que impide cualquier funcionamiento racional.

Sin embargo, el agua guarda celosamente su tesoro y se funde a la ciudad en un baile de vida y muerte. La primera impresión es que una enorme inundación ha invadido la urbe, pero sin embargo, creo que la impresión más fundada es que Venecia flota en inestable equilibrio sobre las aguas, a veces con increíbles equilibrios de muchas inclinadas y desgastadas fachadas.

Sin embargo, los venecianos, se crecen ante las dificultades, y han sabido adaptar el ritmo urbano al agua, y donde había buses, hay renqueantes y suturados vaporettos, taxis acuáticos, los bomberos llegan en barco, la policía en rápidas motoras, y el tráfico “acuático” es incluso regulado por semáforos.

VENECIA NO SOLO ES SAN MARCOS

Sin duda un urbanismo único, y muy pausado, que hace que la vida en Venecia transcurra tan lenta como las oscilaciones del agua que lame las monumentales piedras. Hay vistas gloriosas como el Puente de la Academia, casi en la boca del gran canal, y en donde se contempla la Iglesia de la Santa Croce, que debe verse cuando su mármol blanco se tiñe de rojo al anochecer, o la vista de San Giorgione desde la Plaza San Marco; y por supuesto, el Canal de la Giudecca con la fila de casitas típicas, al otro lado de la orilla.

Pero Venecia es saturación de estética, allí donde mires. Cada parte posee su propia personalidad. San Marco, es la zona pija, turística y bulliciosa de la ciudad, donde dominan las pequeñas tiendas especializadas de cristal, papel, los delicatessen, los coquetos y pijos cafés y los mercados de fruta.

La visión desde el Puente Rialto, con la infame y sobrenatural historia, por la cual los Venecianos lo construían, y el diablo lo destruía, hasta tomar el alma de la familia de su arquitecto al final, nos muestra un espacio abierto y muy animado. Dursoduro es la zona más bohemia y cultural mientras, el tipismo local se puede ver en Campoloungo, en donde se respira como realmente viven los venecianos.

CIAO

Siempre vuelvo a caminar la  noche antes de marchar. Con sus canales iluminados por la luna, sus gondolieri, su ropa colgada en los barrios populares y su placidez dormida. Cuesta acostarse, y nos quedaríamos toda la noche vagando por cada una de sus esquinas. Sin embargo, el día siguiente nos ofreció todavía las últimas oportunidades para relajados paseos en Vaporetto, y para ver a la “dama acuática” desde su elemento natural: el agua.

Ci Vediamo, carisima Venezia.

EL HOTEL      

http://www.hotelaidomori.com/

Calle Larga San Marco 658 –

30124 VENEZIA

2 thoughts on “VENECIA

  1. Lo único que le faltaba a Venecia es que estuviera perfecta e inmaculada para terminar de convertirse en un parque temático en mayúsculas, digno de los Emiratos o Disney. Los desconchados, y en cierta manera el abandono, es de lo poco auténtico que conserva como ciudad invadida de turismo. Y no nos engañes….que seguro que sucumbiste a asomarte al balcón de Julieta en Verona je,jeje

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